Artículo
Revista Estudios en Seguridad y Defensa 11(21): 53-62, 2016
Geopolítica de Colombia desde sus regiones naturales: El Caribe colombiano frente al Gran Caribe1
JOSÉ ALBERTO CASTAÑEDA FISCO2
1 Artículo de reflexión vinculado al proyecto de investigación “Geopolítica de Colombia: proyección y efectos en la seguridad nacional” del grupo “Masa Crítica” de la Escuela Superior de Guerra.
2 Magíster en Seguridad y Defensa Nacionales de la Escuela Superior de Guerra, Colombia. Administrador de Empresas. Oficial del Ejército en uso de retiro. Contacto: jorgecastaf75@hotmail.com
Recibido: 10 de septiembre de 2015
Aprobado: 27 de noviembre de 2015
Resumen
La conquista y colonización española a los territorios que hoy conforman nuestro país se hicieron a través del mar Caribe, y fue desde allí que se hizo posible el descubrimiento del Océano Pacífico. En el Caribe, España centró sus esfuerzos para dominar los territorios conquistados y establecer las rutas comerciales con Europa, a la vez este mar se convirtió en el nuevo Mediterráneo, donde las potencias europeas se interesaron por ejercer su influencia, y el proceso de colonización en el Caribe trajo sinnúmero de culturas y lenguas que hoy lo hacen un escenario multirracial. Para Colombia el Caribe tuvo una gran importancia en el pasado, el crecimiento del Estado se dio desde esta región, tanto que la visión geopolítica por varios siglos siguió la ruta longitudinal que nos traza el río Magdalena, en desmedro de la costa Pacífica; así los mercados hacia Estados Unidos y Europa marcaron los destinos económicos del país. Las posibilidades que ofrece la geografía a Colombia al tener una importante región costera sobre el Caribe, más allá de considerarla como un pivote geopolítico, podría proyectarla a nivel de un jugador geoestratégico en una región en que los fenómenos y amenazas transnacionales se hacen cada día más importantes.
Palabras claves:Geopolítica, Caribe Colombiano, El Gran Caribe, Pivote Geopolítico.
Abstract
Geopolitics of Colombia from its natural regions: The Colombian Caribbean in the Greater Caribbean
The Spanish conquest and further colonization of territories shaping our country today were made through the Caribbean Sea; starting out from this point it was possible to achieve the discovery of the Pacific Ocean. Spain focused its efforts on dominating the conquered territories and establishing trade routes to Europe. As the Caribbean became the new Mediterranean, the European powers got interested in exercising more influence in their expansionism process. The colonization process through the Caribbean Sea brought with it the emergence of many cultures and languages creating nowadays a multiracial scenario. In the past years, the Caribbean coast had a great importance to Colombia, the growth of the state spread from this region to the point that for many centuries the geopolitical vision followed the longitudinal route traced by the Magdalena River in detriment of the Pacific coast. Thus, the trading activity to the United States and Europe shaped the economic destination of the country. Rather than considering the possibilities offered by the Colombian geography for having an important coast area as a geopolitical pivot, it could map it out as a geostrategic player in a region in which new phenomena and transnational threats are becoming more important.
Keywords: Geopolitics, Colombian Caribbean Coast, The Great Caribbean, Geological Pivot.
Resumo
Geopolítica de Colombia a partir das suas regioes naturais: Caribe colombiano na Grande Caribe
Conquista espanhola e colonização dos territórios que agora fazer nosso país foram feitas pelo Mar do Caribe, e foi a partir daí que a descoberta do Oceano Pacífico se tornou possível. No Caribe, a Espanha concentrou seus esforços para dominar os territórios conquistados e estabelecer rotas de comércio com a Europa, enquanto que este mar se tornou o novo Mediterrâneo, onde as potências europeias estavam interessados em exercer o seu processo de influência e colonização Caribe trouxe inúmeras culturas e línguas que fazem hoje um estágio multirracial. Para a Colômbia no Caribe foi muito importante no passado, o crescimento do Estado veio a partir desta região, enquanto a visão geopolítica durante séculos seguiu o caminho longitudinal traçamos o rio Magdalena, em detrimento da costa do Pacífico; e os mercados para os EUA e Europa marcada destinos económicos. As possibilidades oferecidas pela geografia da Colômbia de ter uma região costeira significativo no Caribe, além de considerá-lo como um pivô geopolítica poderia projetá-lo ao nível de um jogador geoestratégica em uma região que fenômenos e as ameaças transnacionais tornam-se cada vez mais importante.
Palavras Chaves: Geopolítica, Caribe colombiano, El Gran Caribe, geopolítica pivô
Introducción
Al iniciar este trabajo, en primer término, intentamos enfocarnos hacia el concepto de geopolítica, una vez comparado con lo que se entiende por geografía política con el proposito de poder colocar en contexto el análisis de las regiones de Colombia.
En esta segunda parte vamos a referirnos a la región Caribe, y para ello es importante dar una mirada al pasado, puesto que en el caso colombiano desde allí se dio inicio a la configuracion del Estado. Para este objetivo, es importante detenernos a revisar de manera sucinta lo que significó la conquista y colonización de España de los territorios que se encuentran al norte del subcontinente americano, y la influencia que otros imperios del pasado han tenido en la evolución y desarrollo de la región. En segunda instancia, tratar de reflexionar acerca de la valoración espacial de la extensa costa colombiana sobre el Caribe de tal forma, que nos permita identificar aquellas debilidades y fortalezas que le ofrece al país para lograr los objetivos nacionales. Por último, buscar una interpretación de lo que en consideración del autor pudiera ser la proyección actual y futura del Estado hacia el denominado Gran Caribe en términos cercanos y el océano Atlántico como escenario global, donde se desenvuelven los intereses de múltiples actores en el vigente sistema globalizado.
Es importante para efectos de este artículo, tener plena claridad sobre sus conceptos claves, por lo cual serán presentados a continuación, con la finalidad de tener un entendimiento exitoso sobre el tema en cuestión. En primer lugar, se dará paso al concepto más relevante para el artículo: La Geopolítica, que está definida de acuerdo con la Nueva Enciclopedia Sopena (edición V.M. Jackson, Inc., Barcelona, 1952) como: “Doctrina según la cual la política de un país está determinada por su posición geográfica antes que por sus inclinaciones de carácter étnico o ideológico” (Rosales, 2005, p. 29). En segundo lugar, el concepto de Geografía política se encuentra definido como el que “se ocupa de estudiar las relaciones de la humanidad con el territorio, llegando a concebir el Estado como un organismo territorial” (Rosales, 2005, p. 19).
Mirada histórica al Caribe
Durante diez siglos Europa vivió la época feudal, del siglo V al XV floreció un modelo económico y social que al final se fue agotando y trajo como consecuencias grandes crisis, disminución de la población agrícola, agotamiento de las tierras productivas y el hambre. La llegada del renacimiento coincide con una nueva etapa de la vida moderna: el descubrimiento de América. Europa se encontraba ávida de recursos para suplir las necesidades que facilitarán su reconstrucción económica. Entre las ideas y la modernización de los mercados empieza Europa a mirar más allá de sus fronteras y toda una ola de migrantes quiere encontrar otros mundos para favorecer la escuálida economía de ese continente.
Carlos Béjar en su obra “La proyección del Gran Caribe”, describe el encuentro físico entre los mundos europeo y americano diciendo:
Es producto de la ambición del espíritu humano en la búsqueda afanosa de rutas oceánicas que les permitieran romper los estrechos límites de la geografía, la historia y el pensamiento, y lanzarse al más allá, al encuentro de esos ricos territorios que aparecían ya delineados en los mapas de los cartógrafos renacentistas y en las narraciones fantásticas de los viajeros y los sabios de la antigüedad (Béjar, 2013, p. 134).
De la misma manera, Germán Arciniegas en su obra “Biografía del Caribe” nos muestra cómo el Caribe se transforma en el Mediterráneo del nuevo mundo a partir de la osada tarea de descubrir nuevos territorios para el reino de España.
Fue la última grande aventura de los marinos del Mediterráneo. Aquí vinieron a descubrir los de Génova y Florencia, los de Cádiz y hasta griegos, que para todos hubo un hueco en las carabelas. De nombres italianos están salpicadas las primeras páginas de esta historia: Colón, Vespucci, Verrazano [...] fue Toscanelli quien avivó la curiosidad de Colón [...] Aquellas gentes azogadas por el renacimiento acabaron por darse cuenta de que, tomando el camino que lleva al Asia Menor, el Mediterráneo era un mar sin salida, la puerta estaba en las columnas de Hércules, sobre el Atlántico y por ahí salieron volando las naves que estaban prisioneras... (Arciniegas, 2014, p. 20)
El nuevo mundo descubierto por Colón empieza en el Caribe, exactamente en la isla de las iguanas, Guanahaní, a la que va a llamar San Salvador; más tarde serán Isabela, la Fernandina y la Juana. La fiebre por encontrar oro en estas tierras desata una ola inusitada de viajes de españoles, portugueses y tantos más ambiciosos europeos al nuevo mundo, pero siempre arribando a las islas del Caribe y más tarde a la tierra firme del continente. El genovés alcanzará a pisar realmente el continente durante su tercer viaje, pero siempre llegando a través del mar Caribe y teniendo como centro a la Española, hoy República Dominicana.
Los acontecimientos descubridores de Colón que suceden en el siglo XV, tienen antecedentes interesantes contados por Véjar donde señala que muchos siglos antes ya se mencionaba el interés de europeos por las nuevas lejanas tierras.
El sueño europeo de América aparece en la tradición de la Atlántida que, tomada de los sacerdotes egipcios, recoge Platón en sus diálogos. Aristóteles se refiere también a una gran isla en el Atlántico, la Antilia o isla adelantada (de ahí las Antillas). Y Séneca, por su parte, actuará de profeta al decir “dentro de algunos siglos abrirá el Océano sus barreras. Un vasto continente será descubierto, un mundo nuevo aparecerá del otro lado de los mares y Tule no será el límite del universo, nec sit terris ultima Thule”, palabras que Colón transcribirá de su puño y letra. (Vejar, 2013, p. 135)
Encontramos que desde entonces los diferentes imperios europeos han ejercido el poder en variados sitios del mundo, y varios de ellos buscaron especial influencia en el Caribe. Hacia este lugar del universo, estaban centradas sus miradas para suplir las necesidades de recursos que carecieron por razón de las innumerables guerras y conflictos que a lo largo de la historia debieron enfrentar.
¿Cuál ha sido la importancia del Caribe en el pasado? Juan Bosch en el libro “De Cristóbal Colón a Fidel Castro, el Caribe frontera imperial”, defiende la tesis, según la cual la historia del Caribe no se encierra en sí misma, porque ésta región es una frontera imperial. Para ello Bosch recurre a los estudios de orden histórico, económico, social, militar, antropológico, religioso y cultural, entre otros para entender a los diferentes imperios que durante varios siglos se lanzaron a la conquista y dominio del Caribe, con el fin de apoderarse de sus territorios y recursos (Bosch, 2009).
España, a pesar de su gran influencia en el Caribe para la época de la conquista no era un imperio, situación que alcanzó solo hasta el siglo XVIII (Colonia), pero a raíz de su participación en varias guerras europeas, su poder fue menguando hasta verse en la obligación de negociar con los nuevos Estados presentes en la región. La aparición de Inglaterra, Francia, Holanda y más tarde Estados Unidos para arrebatarle a España varios territorios van a convertir al Caribe en una frontera imperial; las grandes naciones europeas van a disputar con Estados Unidos su influencia en este espacio americano.
Al finalizar el siglo XIX y durante las primeras décadas del siguiente, la pérdida de influencia en la región por parte de los europeos se hizo evidente. La independencia de varios territorios bajo la tutela española, francesa y británica se desencadena como consecuencia de la decadencia de estos imperios, y su incapacidad para continuar con su hegemonía en el Caribe.
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX los nuevos Estados afianzaron su independencia. Estados Unidos en particular aprovechando la revolución industrial, logra posesionarse económicamente en los mercados mundiales lo que le permite empezar a influenciar económicamente la región, y años posteriores su influencia se hizo extensiva al mercado europeo, aferrando su poder económico y ahora militar de tal forma, que le permitió participar como fuerza definidora en la primera guerra mundial. Posteriormente vino la segunda guerra mundial, se afianza más el poder económico y militar de Estados Unidos, pero también, el de su contrincante ideológico la Unión Soviética, lo que da origen a un respeto solapado entre estas dos potencias que conduce a la llamada GUERRA FRíA (1946-1989), período durante el cual el Caribe fue motivo de disputas entre las potencias a tal punto que la UR.SS. logró establecer su poderío en CUBA y desestabilizar varias democracias en el Caribe, en el entendido que es por el Caribe por donde Estados Unidos tiene sus rutas comerciales, que alimentan a varios países Latinoamericanos y Europa.
En un espacio que supera los cuatro millones de kilómetros cuadrados y que comprende desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Brasil; la Cuenca del Caribe se encuentra conformada por los litorales de los países centroamericanos, de Colombia y Venezuela y por más de cincuenta islas pertenecientes a las Antillas Mayores y Menores. Una gran región que Antonio Gaztambide-Géigel define en cuatro propuestas: “Caribe insular o etno-histórico, Caribe geopolíti-co, Gran Caribe, Cuenca del Caribe, Caribe cultural, o Afro-América Central”. (Véjar, 2013, p. 136). En todas estas denominaciones están presentes las diferentes migraciones que llegaron a la región, situación que nos da a entender lo heterogéneo y diverso de quienes hoy habitan allí. Multiplicidad étnica, cultural, religiosa identifican al Caribe, todas ellas mezcla de nativos y de las culturas traídas por los imperios que antes se mencionaron, durante la conquista desde el siglo XV y posteriores.
Desde entonces y por más de cinco siglos, el Caribe ha venido alcanzando una gran importancia geopolítica. Quizás ha sido fundamental la cercanía de este enclave con Europa frente a los otros continentes. Véjar cita a Germán Arciniegas y su texto Biografía del Caribe, para enfatizar la importancia que el Caribe tiene desde entonces:
Con el descubrimiento de América la vida toma una nueva dimensión: se pasa de la geometría plana a la geometría del espacio. De 1.500 hacia atrás, los hombres se mueven en pequeños solares, están en un corral, navegan en lagos. De 1.500 hacia delante surgen continentes y mares océanos. Es como el paso del tercero al cuarto día, en el primer capítulo del Génesis. Toda esta grama se vivió tanto o más que en ningún otro sitio del planeta, en el mar Caribe. Allí ocurrió el descubrimiento, se inició la conquista, se formó la academia de los aventureros. (Véjar, 2013, p. 137)
El Caribe Colombiano
La importancia del Caribe referida para Occidente no ha sido la misma para Colombia. Si bien nuestro Estado posee un gran litoral sobre ese mar y los primeros asentamientos surgieron en las costas, desde la misma conquista española fue tomando rumbo diferente como lo manifiesta el Ex - canciller Augusto Ramírez Ocampo en “Geopolítica en el Gran Caribe” cuando afirma:
Tengo una teoría, que es poco académica, y es que Colombia cambió mucho por la excursión que hizo don Gonzalo Jiménez de Quesada en busca de El Dorado. Cuando este conquistador empezó a ascender a través del rio Magdalena se encontró unas condiciones muy adversas [...] de tal manera que cuando encontró la Sabana de Bogotá en 1538, con un clima otoñal y sin rastro de El Dorado decidió establecerse allí. (Ramírez, 2009, p. 21)
La aseveración de Ramírez tiene asidero porque la situación vivida con los españoles nos fue generando una cultura contraria a como se hiciera en otras civi lizaciones, el emprendimiento se hacía del mar hacia el interior, mientras en este caso fue al contrario y cabe entonces la idea de que Colombia durante siglos ha sido un país de espaldas al mar. Veamos la manera como González Arana confirma lo expuesto antes:
Colombia, ha sido un país que históricamente ha manejado sus relaciones exteriores con una vocación andina. En ello ha influido la fuerte tendencia hacia el centralismo, pues pese a ser un país de regiones, desde la capital se deciden los destinos del país y se manejan sus asuntos políticos. El Caribe colombiano tuvo un efímero protagonismo con Cartagena como capital durante la colonia y luego de la independencia las élites del centro del país decidieron que era más oportuno el manejo desde Santa Fe de Bogotá, ubicada en la región andina del país. (Ramírez, 2004, p. 45)
Con preocupación expresa el Coronel Augusto Bahamón en su texto “Colombia, geografía y destino”, al advertir que históricamente el Estado colombiano se ha desarrollado bajo una concepción geopolítica más de carácter continental, que marítima, a pesar de sus extensos litorales sobre los dos océanos. (Bahamón 2014, p. 53). Apenas en los tiempos actuales viene existiendo preocupación por generar conciencia marítima, por dominar, proteger y explotar adecuadamente los recursos que nos provee el mar.
Observando el desarrollo económico, de los países desarrollados, sus centros productivos se encuentran en las ciudades costeras a fin de que sea desde allí, donde se reciban las materias primas importadas, se procesen, se surta la demanda interna y se exporten los bienes al exterior.
Caso contrario de lo que ocurre en Colombia, donde las materias primas llegan a las costas se transportan al Altiplano, se procesan y se vuelven a bajar a las costas para ser exportadas, situación que parece absurda pero con la que convivimos desde que se implantó a Santa Fe de Bogotá, como capital del Nuevo Reino por parte de Gonzalo Jiménez de Quesada.
Geopolítica del Caribe colombiano
La teoría del poder del mar, expuesto por el almirante Alfred Thayer Mahan, se sintetiza en cuatro aspectos que aquí se resumen. Un país que quiera ser potencia mundial deberá desarrollar una gran industria, para ello su fortaleza consiste en procesar materias primas, las cuales deberá traerlas de aquellos lugares distantes utilizando su propia flota mercante y luego llevar los productos terminados para abastecer esos mercados. Para asegurar el paso y arribo de la flota es necesario contar con una gran infraestructura portuaria y suficientes conexiones con el interior (vías carreteras y ferrovías), además de una poderosa flota naval que esté en condiciones de asegurar las vías marítimas (Terzago, 2000). Todo lo anterior debe estimularse con los factores del poder marítimo que generan la conciencia marítima; la situación geográfica, configuración física, extensión territorial, población, carácter nacional y tipo de gobierno.
Como se puede observar el concepto geopolítico del poder marítimo, es demasiado ambicioso y pareciera que solo puede aplicarse para aquellos países que se consideran potencias y tienen la posibilidad y capacidad de dominar el mundo. Sin embargo, muchos ejemplos tenemos de Estados que sin alcanzar los elementos que sugiere Mahan, por el solo hecho de tener costas en los mares han logrado desarrollar buena parte de la doctrina geopolítica del poder del mar. Estos son excelentes referentes para que Colombia pueda hacer de su posición frente al mar una política más activa y no tan tibia como ha venido siendo, según lo analiza el ex canciller Ramírez:
Zbigniew Brzezinski en “El gran tablero mundial” considera que los pivotes geopolíticos son los Estados cuya importancia se deriva no de su poder y de sus motivaciones sino más bien de su situación geográfica sensible y de las consecuencias que su condición de potencial vulnerabilidad provoca en el comportamiento de los jugadores geoestratégicos. De otra parte, el jugador geoestratégico activo es aquel Estado con capacidad y voluntad nacional de ejercer el poder o influencia más allá de sus fronteras para alterar el estado actual de las cuestiones geopolíticas. (Brzezinski, 1997, p.49)
Nueve departamentos tienen salida al mar Caribe, lo que significa una cuarta parte del total de la extensión territorial del Estado. Las doscientas millas de zona económica exclusiva donde se tiene derechos y la facilidad de limitar con ocho naciones, configuran un gran espacio. Por ello, no debe ser despreciable entender lo que en su momento Friedrich Ratzel señaló frente a la importancia de los espacios en las denominadas “Leyes del crecimiento de los Estados”.
La frontera es el órgano periférico del Estado, el portador de su crecimiento así como su fortaleza, y participa en todas las transformaciones del organismo del Estado. El crecimiento espacial se manifiesta como un fenómeno periférico que empuja hacia el exterior la frontera que ha de ser travesada por los vectores del crecimiento. Cuanta más cerca de las fronteras viven estos vectores, más íntimamente comparten interés en este proceso; y cuanto más amplio sea el límite, más marcadamente periférico será el crecimiento. (Ratzel, 2011, p. 13)
Tenemos una gran frontera en el Caribe y merece toda la atención del Estado, y ante todo generar conciencia de la importancia geopolítica y geoestratégica del Caribe colombiano.
Más que detenernos reflexionar sobre los aspectos negativos de nuestro Caribe, la idea es también, resaltar aquellos que permitan determinar el valor geopo-lítico de esta región para Colombia. La extensa línea litoral que Colombia posee en el Caribe, es una ventana abierta para que el Estado se proyecte desde las otras regiones hacia un amplio ámbito de posibilidades, lo regional y lo mundial. En esos términos, el Caribe colombiano se convierte en un importante hinterland (Rosales, 2005) cuyo crecimiento beneficiará a las demás regiones y especialmente la región andina donde se encuentra la mayor vitalidad del Estado. Si nuestros gobernantes se esforzaran por hacer realidad la teoría mahantiana “Mirad hacia fuera, mirad hacia el mar”, buscaría agrandar sus ventanas hacia el mar y expandir su influencia hacia el Atlántico y Pacífico (Bahamón, 2014). En otros términos, un mayor interés por generar conciencia geopolítica, conciencia marítima.
Hacia la costa Caribe fluye gran parte de los recursos que producen las demás regiones, más que al Pacífico, porque las condiciones de esta última, no se han mejorado convenientemente. A pesar de que los mercados en Asia se han vuelto más dinámicos, el comercio tradicionalmente se ha orientado hacia Europa y Estados Unidos. Desde la región Andina como heart -land (Rosales, 2005) del Estado y siendo la más cercana al Caribe, las vías de comunicación se proyectan en sentido longitudinal, paralelas a las cordilleras, facilitándose su desarrollo.
El río Magdalena, principal arteria fluvial, la ruta del sol y un ferrocarril que aunque abandonado puede restablecerse, son las líneas de comunicación que unen al centro del país y el Caribe colombiano. Provista de recursos mineros y energéticos, industria en crecimiento y grandes posibilidades turísticas por sus playas, el Caribe colombiano es una región que en su proyección puede alcanzar el mayor nivel y lo más importante, facilita la influencia de Colombia sobre la Cuenca del Gran Caribe y los continentes aledaños. En la inversión en las vías de cuarta generación que el Estado se ha propuesto, la región Caribe se ve altamente beneficiada, en buena parte por los proyectos que parten de Antioquia y conectan hacia el Caribe occidental en la región de Urabá y los que vienen del centro del país y van paralelos al río Magdalena, estos, impulsarán la región oriental entre Barranquilla y Riohacha. Después de muchos años de espera, la decisión de volver a retomar la importancia que tiene la principal arteria fluvial del país, permitirá integrar las vías de comunicación en el nuevo concepto multimodal. El beneficio que recibe el país es importante, pero más se podrá observar en nuestra región Caribe en el mediano plazo.
Desde el Caribe, el país ha sido un importante exportador de energía. El petróleo y el carbón tradicionalmente son los recursos que generan mayores ingresos para la economía colombiana. Sin embargo, cada día estos recursos se agotan, además que su utilización es más cuestionada por los efectos de invernadero y calentamiento global que generan. Por lo que, se impone el uso de recursos más amigables con el medio ambiente. Para ello el país se ha venido preparando a fin de tener la posibilidad de cubrir su propia demanda y tener la capacidad de exportar energía limpia.
Debilidades y amenazas
Es imposible no mirar al pasado, para ver que, por no tener claro el concepto de pivote geopolítico y mucho menos de jugador geoestratégico, el cual que nuestro país debió asumir varios siglos atrás, frente a su papel en el Caribe, dolorosamente hoy se tenga que lamentar la secesión de Panamá al comenzar el siglo XX y la pérdida de una importante zona marítima en la jurisdicción de San Andrés y Providencia en años recientes.
Como causas de la débil presencia de Colombia en el Caribe, Gustavo Bell considera que éstas han sido: la pobreza fiscal de los gobiernos central y regionales para desarrollar vías de comunicación e infraestructura que promovieran el progreso económico hacia las costas; en segundo lugar las continuas guerras internas que mantuvieron ocupado al Estado, olvidando sus fronteras terrestres y marítimas. La tercera, ha sido la débil presencia del Estado a causa de la falta de interés de los gobernantes hacia las costas cuya población estaba compuesta por mestizos y descendientes de africanos, lo que generaba menosprecio en las élites de gobierno (Bell, 2010). Ello hizo que en los textos en que se enseñaba geografía se mencionara como límite al norte con el mar Atlántico y no al mar Caribe.
Además de la falta de visión marítima y claridad en su proyección, es necesario advertir que otros aspectos de igual manera han dificultado el desarrollo del Caribe colombiano. En los análisis geopolíticos generalmente se orienta a mirar los espacios, a fin de cuentas en su definición está presente el lugar (la geografía), el Estado y otros actores como el poder y la economía. Pero una tercera corriente en la geopolítica crítica, como nos la presenta Heriberto Cairo, proviene del campo de la geopolítica humanística. En ésta, se considera al hombre como parte integrante fundamental de la explicación de las ciencias sociales. Se fundamenta en las dimensiones fenomenológicas y experienciales de la realidad social, lo que se traduce en aspectos como el sentido de lugar o territorialidad y nacionalismo (Cairo, 1993). En la medida en que el Estado y las regiones alcanzan altos niveles de educación, el desarrollo y progreso facilitan su proyección geopolítica. Una muestra de ese avance se observa en la disminución de los índices de analfabetismo. De la siguiente forma se puede observar la realidad en la región del Caribe colombiano:
En la región Atlántica se destacan los departamentos de La Guajira y Bolívar, en cuyos casos la tasa de analfabetismo está por debajo del promedio regional y nacional alcanzando el 12.0% y 14.0% respectivamente (gráfico 2). Los departamentos de Cesar, Córdoba y Sucre, en contraste, presentan los niveles más altos (16.3%, 17.0% y 17.7% respectivamente). Los departamentos de Atlántico y Magdalena están cerca del promedio regional y nacional mostrando tasas del 16.3% y 15.8% en cada caso. (“Objetivos del Milenio”, s.f.)
Sumado a lo anterior, es bueno reflexionar también acerca de la calidad de vida de los caribeños. índice que permite ver la proyección del factor humano en ese espacio geopolítico. “De acuerdo con las cifras del DANE, la costa Caribe colombiana presenta el índice de pobreza más alto del país, con 41,8% de sus habitantes en situación vulnerable. La media nacional se encuentra en 34,1%” (“Por qué en el Caribe [..]”, 2012, junio 23). Frente a las razones de esa situación, Jairo Parada expresa:
Factores como nuestro retraso en capital humano (tanto en salud como en educación), la pobre infraestructura que tenemos, una matriz institucional todavía muy pre moderno y la existencia de un fuerte centralismo en el país, influyen en que la condición de vida de los habitantes de la región no sea la mejor. (“Por qué en el Caribe 2012, junio 23).
En aras de aprovechar las oportunidades que se están abriendo para nuestras ciudades, con la entrada en vigencia de los distintos TLC que el país ha firmado con el mundo, es primordial diseñar nuevas estrategias políticas y sociales encaminadas a cambiar esta situación. La pobreza reduce las posibilidades del crecimiento y el desarrollo, y se debe derrotar porque es la fuente del crimen, la violencia y la marginalidad. Afecta la calidad de vida de todos y es racional y posible derrotarla, pero requiere voluntad política.
Si el factor educativo y la seguridad social tienen serias limitaciones para la proyección de la región, no menos importante son otros factores que han hecho del Caribe una zona de conflicto, en la cual Colombia tiene una gran responsabilidad. El fenómeno ilícito del narcotráfico afecta tanto a nuestro país como a toda la región Caribe. Así, durante el tiempo que ha transcurrido el presente siglo, hablar del Caribe es también asociarlo con este tipo de problemas. Bell se refiere a esta situación de la siguiente manera:
En efecto, el espacio geográfico por el que pasaban las rutas marítimas de las drogas provenientes de Suramérica, los países del Caribe, tanto los insulares como los continentales, se han convertido en verdaderas bases desde donde se operan todos los hilos del negocio de las drogas y donde se mueven los inmensos recursos financieros que allá producen. El narcotráfico se ha convertido así en la principal amenaza para la estabilidad de todos los países del área, indistintamente de su tamaño como lo prueba el caso de México. Particularmente críticos en este sentido son los pequeños estados insulares del Caribe oriental, por la gran vulnerabilidad que tienen frente a los recursos del narcotráfico, más cuando la globalización les ha significado a varios de ellos la agudización de los niveles de pobreza de su población con el aumento del consumo doméstico de drogas. (Bell, 2010, p. 77)
La importancia que viene generando este fenómeno desestabilizador compromete a todos los Estados del Caribe y especialmente se hace crítico para Estados Unidos por cuanto la droga que circula por el Caribe tiene como fin llegar a sus mercados. A pesar de varias décadas de lucha, en la actualidad la Agencia Antinarcóticos de los Estados Unidos (DEA) considera que las mafias colombianas todavía controlan la costa este de Estados Unidos.
Si bien las autoridades estadounidenses sostienen que el transporte de la droga lo lideran carteles mexicanos y de República Dominicana, también señalan que algunas organizaciones de nuestro país han logrado mantener el ingreso directo del estupefaciente, sin esos intermediarios. Esto, a través de rutas por el Caribe. La hipotesis es que la violencia entre carteles que padecen México y el aumento de los controles en ese país y en la frontera con Estados Unidos han llevado a las mafias a buscar rutas por República Dominicana y Puerto Rico. Esa sería la explicacion de que el movimiento de droga por el Caribe se haya triplicado en los últimos tres años, sobre todo en buques que salen de Colombia, Venezuela y República Dominicana. (“Según la DEA, [...], 2015)
No deja de ser preocupante que fenomenos como el mencionado, siga siendo el centro de atención en la region y mucho más que a Colombia se le tilde como uno de los países que mayor compromiso deben asumir para acabar con este reto. La situacion planteada da a entender que la capacidad de los Estados ha sido desbordada y que al interpretarse el concepto de relaciones de poder como parte del estudio de la geopolítica crítica, se puede advertir la capacidad que ha alcanzado el fenomeno del narcotráfico. En ese mismo sentido, la evolucion de la geopolítica crítica desde los años setenta del siglo pasado, considera que, poca atencion se ha prestado a las dimensiones espaciales de los actos de poder. Para Raffestin las relaciones espaciales son en última instancia relaciones de poder, que describe así:
El poder es algo que circula, que aparece en todas las relaciones sociales como elemento constitutivo de las mismas. “En toda relacion circula el poder, que no es poseído ni adquirido, sino pura y simplemente ejercido [...] por actores provenientes de la población [...] estos producen el territorio partiendo de esta realidad primera dad? que es el espacio. (Cairo, 1993, p. 12)
La realidad en el Caribe es que el narcotráfico como un actor externo y con gran capacidad desestabilizadora, viene retando y doblegando la capacidad de los Estados. A través de su accionar ha demostrado que tiene suficiente poder y que este lo ejerce en una región muy importante por la conectividad que ella tiene en el continente y hacia el exterior.
Colombia, Jugador Regional
Martha Ardila analiza el papel al que Colombia está destinada en el futuro cercano. La posición geoes-tratégica que ocupa el país le permite ser considerada como una potencia regional secundaria. (Ardila, 2012). Aunque en el pasado privilegió su relación con los países andinos vecinos, descuidando otros frentes; en la actualidad ha podido ampliar su capacidad de influencia. Utilizando la diplomacia económica y la cooperación en seguridad su, presencia en el entorno viene siendo destacada, especialmente hacia el Caribe. Nye citado por Ardila define una potencia regional secundaria:
Potencias regionales secundarias como Colombia, Venezuela, Chile y Argentina se valen del poder suave y de la diplomacia pública para mejorar su imagen, ejercer liderazgo, construir nuevas alianzas y buscar un nuevo equilibrio de poder regional. Pero no solo la cultura y la política sino los valores que propagan y la política exterior constituyen elementos que vinculan el poder suave con la diplomacia pública (Ardila, 2012, p. 298).
En el escenario del Gran Caribe, Colombia es uno de los países de mayor extensión y población, y está logrando crecimiento sostenido, inflación controlada y convirtiéndose en un país atractivo para la inversión y modelo en resolución de conflictos. Sus decisiones han comenzado a tener repercusión en foros internacionales, especialmente en la ONU y OEA frente a su participación y cooperación para atender los problemas regionales. La participación de Colombia de una manera más activa en la región le permite ampliar su visión futura en provecho de su economía y desarrollo. Como miembro fundador de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) que agrupa veinticinco miembros, donde el elemento común es el mar y se pretende promulgar la integración regional (González, 2004); el papel no ha sido tan preponderante. Sin embargo, al poseer Colombia una gran extensión de costa sobre el mar Caribe, le es propicio ejercer un verdadero posi-cionamiento de potencia regional como sugiere Ardila.
Porque además debe aprovechar su relativa cercanía al cuarto bloque comercial más grande del mundo para generar mayores oportunidades de crecimiento y desarrollo.
En el marco de observador de la Comunidad del Caribe (CARICOM), la labor colombiana ha sido distante también. Mediante algunos acercamientos tímidos a través de acuerdos culturales, se ha mantenido esta relación. Por ello es importante que estos pueblos cambien la imagen que tienen de Colombia, como lo anticipa Bell: “Al respecto, en los países del Caribe insular angloparlante existe la percepción de que Colombia solo se acuerda de ellos cuando los necesita para algún determinado objetivo político coyuntural”. (Bell, 2010, p. 82).
Conclusión
El descubrimiento de un nuevo continente para los europeos empezó por el Caribe. Este mar se vendrá a convertir en el mar del futuro, el que será disputado por parte de los imperios desde el siglo XV y va a continuar hasta nuestros días. El mar Caribe permite la entrada al continente americano, y desde allí la posibilidad de encontrar la solución a los problemas económicos que Europa ha acumulado por razón de las guerras y disputas continentales.
Una mezcla de culturas se da en el nuevo “mare nostrum”, el Caribe será el encuentro de muchas identidades que a la vez lo harán interesante; situación que aún persiste puesto que es un escenario donde el encuentro de europeos, africanos y asiáticos se confunde con los nativos de las zonas insulares y continentales.
La cuenca del Gran Caribe se constituye en un espacio geopolítico de gran complejidad. La presencia de un gran número de países continentales e insulares, hacen del Caribe una región que cada día cobra más interés por sus recursos, la conectividad entre los continentes y especialmente por el surgimiento de factores desestabilizadores que vienen surgiendo en los últimos tiempos.
Para Colombia el Caribe ha tenido poca importancia en el pasado; el centralismo arraigado en la región andina, los continuos conflictos internos y especialmente la falta de visión hacia el mar de nuestros gobernantes, son razones para entender que no se le haya dado la importancia que esta región tiene para el Estado. Apenas unas décadas atrás hemos entendido que a la configuración del país más allá del territorio debía incorporarse los dominios en el mar que se proyectan desde las costas en el Pacífico y el Caribe.
El crecimiento que nuestro país viene alcanzando y que lo proyecta como una potencia media regional, es una gran oportunidad para que Colombia pueda influir de manera positiva en la cuenca del Gran Caribe. Aspectos relacionados con la seguridad regional y continental, la infraestructura, conectividad eléctrica, comercio e integración con los Estados que hacen parte de Mesoamérica y el Caribe le permitirán al país tener una importante influencia en esta región. Desplegar una mayor labor como miembro permanente y observador en la AEC y CARICOM harán posible que en la visión geopolítica de Colombia en el Caribe se suma a este escenario como un espacio vital para el futuro.
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