Estudios en Seguridad y Defensa, 20(39), 1-7

https://doi.org/10.25062/1900-8325.4986

Editorial: Estrategia, innovación y acción integral: desafíos y proyecciones en seguridad y defensa

Editorial: Strategy, innovation and integral action: challenges and projections in security and defense

Jonnathan Jiménez-Reina ORCID logo

Editor en Jefe Revista Estudios en Seguridad y Defensa

Henry Mauricio Acosta Guzman ORCID logo

Editor de Publicaciones Seriadas

CITACIÓN APA:

Jiménez-Reina, J., & Acosta Guzmán, H. M. (2025). Editorial: Estrategia, innovación y acción integral: desafíos y proyecciones en seguridad y defensa. Estudios en Seguridad y Defensa, 20(39), 1-7.https://doi.org/10.25062/1900-8325.4986


Ya en los umbrales de la tercera década del siglo XXI, la seguridad y la defensa, nacional e internacional, están en proceso de acelerada transformación. Si bien aún persisten las amenazas tradicionales, por lo general están acompañadas, e incluso superadas ya, por otras que se perfilan como multidimensionales y que rebasan los límites de las fronteras estatales y de las estructuras doctrinales tradicionales. Ello se debe a que la globalización, la revolución tecnológica, la disputa por recursos estratégicos y la emergencia de actores no estatales avasallantes han propiciado la necesidad de repensar los fundamentos de la estrategia y de la acción estatal en materia de seguridad y defensa, en su sentido más amplio (Kaldor, 2012; Nye, 2023).

El proceso de globalización ha transformado profundamente las dinámicas de poder y seguridad a nivel internacional (Rodrik, 2012), no solo a través de la hiperconectividad económica en los mercados legales e ilegales, sino también por la expansión de actores no estatales que participan activamente en lo que tradicionalmente se consideraba dominio exclusivo de los Estados: el uso de tecnologías militares que han llegado a los mercados y el uso de la fuerza de manera coercitiva e ilegítima.

En este contexto, la reconfiguración de las relaciones de poder ha dejado de ser un asunto únicamente de los Estados o, por lo menos, de las instituciones de defensa del Estado, ya que grupos no estatales, como organizaciones terroristas, empresas privadas y actores ilegales transnacionales (Arlacchi, 2002), ahora tienen acceso a capacidades que permiten alterar el equilibrio del poder de manera transnacional y desde una lógica simultánea.

Es así que la conectividad global también ha proporcionado nuevas vías para el acceso a mercados y recursos estratégicos, lo que ha permitido a actores no estatales, por ejemplo, desarrollar capacidades tecnológicas avanzadas que antes solo estaban al alcance de los gobiernos, como el empleo de armamento de nivel militar (Kotzé et al., 2025) o, en su defecto, el uso de tecnologías para influenciar a los individuos. Esto plantea un desafío significativo para los Estados, que deben adaptarse a una nueva dinámica geopolítica donde la soberanía y el control de la seguridad ya no dependen exclusivamente del uso de la fuerza.

En este sentido, las estrategias nacionales y militares se han visto obligadas a evolucionar, no solo en escenarios de confrontación armada, sino también en aquellos en los que no existe un enfrentamiento directo, bien sea en la defensa de los derechos humanos en escenarios de conflicto, donde el rol del militar es apoyar a las autoridades civiles, o en labores humanitarias (Roberts, 2006). En situaciones de no confrontación, las tácticas de disuasión, las alianzas estratégicas, la ciberseguridad y la guerra económica se han convertido en componentes esenciales de la defensa moderna. Las naciones deben ser cada vez más versátiles en su capacidad para manejar tanto los conflictos tradicionales como los nuevos retos derivados de la globalización, donde las fronteras entre la guerra, la diplomacia, el comercio y la tecnología se difuminan, haciendo más complejas las decisiones sobre cómo mantener y garantizar la seguridad nacional.

Desde la aproximación del realismo político, la complicada organización del sistema internacional actual puede observarse a partir de la anarquía de carácter estatal que prevalece y de la competencia por el poder. Cabe considerar que la rivalidad sinoestadounidense vuelve a intensificarse, como ponen de relieve las fricciones en el mar de China Meridional, las restricciones tecnológicas o la lucha por el control de las cadenas de suministro críticas. Es decir, los Estados se han visto forzados a decantarse por estrategias de hard power que garanticen sus intereses (Mearsheimer, 2018). De este modo, resulta posible observar, entre otras cosas, cómo el gasto militar mundial se incrementaba en 2025 hasta alcanzar un 2,2 % del PIB mundial y cómo proliferan alianzas ad hoc (por ejemplo, AUKUS o la expansión de la OTAN hacia el Indo-Pacífico). Pero, como advierte Waltz (1979), esta lógica acaba propiciando el dilema de la seguridad: las medidas defensivas de un actor se interpretan como conductas amenazantes por otros, lo que genera espirales de desconfianza.

El equilibrio de poder a nivel estratégico es un proceso dinámico e incierto que está en constante reconfiguración. La defensa y la seguridad, como elementos clave de este equilibrio, han sido tradicionalmente prioritarios en la agenda internacional, dado que las naciones buscan salvaguardar sus intereses y su soberanía frente a otras potencias (Hyun, 2025). En este contexto, y como se argumenta en el caso anterior, las disputas por el poder se han dado a lo largo de la historia en distintas dimensiones físicas, como la terrestre, marítima, aérea y espacial, donde las capacidades militares y las estrategias geopolíticas han sido determinantes. Sin embargo, en la actualidad, ha emergido con fuerza la dimensión ciberespacial, donde la guerra de información y la lucha por el control del ciberespacio juegan un papel crucial en la configuración de los equilibrios de poder (Kuehl, 2009), siendo las tecnologías y la información catalizadores del contexto estratégico.

La importancia del ciberespacio radica en que, además de ser un campo de confrontación tecnológica, se ha convertido en un terreno vital para el control de la información. En la globalización, la era digital ha incrementado la dependencia cognitiva, pues la información se ha convertido en uno de los activos más importantes para la seguridad.

Los puntos de vista en torno a la guerra cognitiva representan una particularidad de la renovación de la interpretación de un sistema internacional redefinido a partir de la construcción social de identidades y normas. La guerra cognitiva, en este sentido, demuestra cómo las narrativas y las percepciones de una comunidad determinada —en este caso, la comunidad internacional— acaban por dar forma a una serie de conflictos. El caso de Ucrania, por ejemplo, ilustra este fenómeno, puesto que la lucha de este país por integrarse en la identidad europea se ha mostrado determinante para el futuro del conflicto ucraniano frente a la influencia rusa, tanto como los propios combates en el terreno (Wendt, 1999). En la misma línea, la irrupción de actores no estatales determinantes en las particularidades de la guerra (por ejemplo, Hamás en Palestina o el Ejército de Dios en Myanmar) desafía el monopolio de la estatalidad sobre la violencia y, al final del proceso, acaba por transformar las propias concepciones de la circulación de la soberanía. De esta forma, la guerra cognitiva, en estos actores no estatales, debería tener en cuenta que el terreno de la disputa por la seguridad no se libra solo con balas, sino también con símbolos y relatos (Buzan et al., 1998).

Por lo tanto, la defensa y la seguridad deben entenderse hoy como elementos más complejos y multidimensionales, que ya no solo involucran el poder militar físico, sino también el poder de la información, donde también existe confrontación (Navarrete, 2014). El control sobre los flujos informáticos y la capacidad para generar narrativas dominantes en el ciberespacio se han convertido en herramientas fundamentales para el ejercicio de la hegemonía global. En este sentido, las potencias del futuro no solo competirán en el terreno de la guerra convencional, sino también en la guerra cognitiva, donde el acceso, el control y la manipulación de la información se convertirán en factores decisivos para la estabilidad de los sistemas internacionales.

El liberalismo institucional, por su parte, enfatiza la posibilidad de que la cooperación multilateral ayude a resolver problemas globales, como lo evidencian el Acuerdo de Escazú, en materia de derechos ambientales, o la Coalición para la Resiliencia ante Desastres por el Cambio Climático (CRDC). Estos ejemplos muestran que los regímenes internacionales pueden contribuir a disminuir riesgos compartidos. Sin embargo, el resurgimiento de los nacionalismos, que va del America First hasta el Make in India, restringe estas iniciativas: el cambio climático y sus efectos reclaman acción, pero el 65 % de los Estados han presentado iniciativas proteccionistas en sectores estratégicos (Organización Mundial del Comercio, 2025). Esto pone de manifiesto la tensión que existe entre la interdependencia y la soberanía, pero también los límites del orden liberal para abordar crisis policéntricas, donde fuerzas subnacionales, corporaciones tecnológicas y grupos criminales rinden cuentas de la capacidad de actuar (Keohane & Nye, 1998).

La confluencia de estas perspectivas (realismo, constructivismo y liberalismo) ilumina la naturaleza multifacética de la seguridad contemporánea. Aun así, los Estados continúan siendo actores centrales, pero su capacidad de garantizar estabilidad depende, cada vez más, de su habilidad para lidiar con redes de poder difusas, gestionar narrativas y tejer alianzas flexibles. En este tejido narrativo, la innovación estratégica ya no es una opción, sino una condición para la supervivencia en un sistema internacional que oscila entre la competencia interestatal y la gobernanza fragmentada.

Por lo anterior, la presente entrega de Estudios en Seguridad y Defensa es un ejemplo claro de esa metamorfosis. Los artículos presentados en el ámbito académico de la seguridad y la defensa constituyen una visión amplia, rigurosa y plural de los desafíos que enfrentan las sociedades actualmente y ofrecen posibles respuestas que combinan la tradición de la estrategia con la innovación tecnológica y la acción social.

Se abre la sección Insignias con un artículo en inglés que aborda la geopolítica de los elementos de tierras raras, una visión que recuerda el papel de los recursos naturales como vértices de la disputa global y como factores relevantes para la seguridad nacional. Las tierras raras han pasado a formar parte de un mundo donde la transición energética y la digitalización dependen de minerales estratégicos, y su gestión soberana se plantea como una cuestión de supervivencia y autonomía. Se estudia la distribución y el potencial de las tierras raras en Colombia, así como las peligrosas condiciones de su explotación en un territorio marcado por la historia de la pobreza y la presencia de actores armados ilegales. Esto hace necesario articular una estrategia estatal que integre seguridad, desarrollo y sostenibilidad, anticipando además escenarios de competencia geopolítica en los cuales América Latina podría desempeñar un papel relevante.

El siguiente artículo analiza la instrumentalización de la población civil por los grupos armados organizados residuales (GAO-r), como una de las amenazas más complejas para la seguridad nacional. Este trabajo revela, mediante una perspectiva cualitativa y documental, la sofisticación de la guerra cognitiva y de las técnicas de coerción social empleadas por estos grupos, así como el impacto psicosocial y económico que generan en las comunidades afectadas. La respuesta estatal, indica el estudio, debe ser integral y de largo plazo, movilizando todos los instrumentos del poder nacional para fomentar la cohesión social y fortalecer la identidad nacional.

Por su parte, la innovación tecnológica ocupa un lugar central o prioritario en la agenda de la defensa contemporánea. El uso de drones en los conflictos armados, estudiado en uno de los artículos en inglés de este número, ilustra las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías, así como sus dilemas éticos y jurídicos. Los ejemplos de Siria y Ucrania muestran cómo los drones han operado una transformación en la naturaleza de las operaciones militares, pero también cómo el uso de tales herramientas tecnológicas puede ser un camino hacia la violación del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos si carece de marcos para la apropiada rendición de cuentas y formación ética de los operadores (Schmitt, 2013). Este debate no es ajeno a América Latina, donde la modernización de las fuerzas armadas avanza de la mano del desarrollo y adquisición de capacidades autónomas.

La resiliencia ante las crisis globales en los sectores estratégicos es otro de los temas tratados en este número. En este sentido, el cuarto artículo estudia la industria astillera colombiana, en particular COTECMAR, a partir de la crisis provocada por la pandemia de COVID-19, con una perspectiva logística y de gestión de riesgos. Los resultados reflejan la vulnerabilidad de las cadenas de suministro de la industria astillera, pero también su capacidad de adaptación y aprendizaje como industria de defensa, pues logró implementar estrategias de mitigación de impactos durante esta pandemia y aprovechar la coyuntura para mejorar y reforzar los procesos internos. Este tipo de análisis es clave para la formulación de políticas públicas orientadas a la autosuficiencia y la seguridad industrial en un contexto internacional cada vez más incierto (Boin et al., 2020).

Esta sección del número se completa con un estudio histórico sobre los efectos de la Guerra de las Malvinas/Falklands en las relaciones de defensa y diplomáticas entre el Reino Unido y Brasil. Con base en una revisión exhaustiva de fuentes primarias y secundarias, el artículo muestra cómo los conflictos regionales pueden tener repercusiones muy serias en las arquitecturas de seguridad hemisférica, afectando las alianzas, las doctrinas y las percepciones estratégicas. La lección es clara: la historia continúa siendo una fuente indispensable para el aprendizaje en lo que se refiere a la formulación de políticas de defensa y a la construcción de confianza entre Estados (Freedman, 2005).

En la sección Laureles, los artículos seleccionados dan cuenta de los procesos políticos que han sido propiciados desde los niveles de la acción integral y el desarrollo social como dinámicas complementarias —y cada vez más relevantes— en la seguridad. Por un lado, el artículo que analiza la campaña Mi Vereda Modelo muestra cómo la presencia institucional y la intervención no armada del Ejército Nacional pueden propiciar transformaciones positivas en comunidades vulnerables y contribuir a la reconstrucción del tejido social y la gobernabilidad local. Por otro lado, el estudio de las obras de infraestructura vial ejecutadas por las Fuerzas Militares pone en tensión un debate pertinente sobre la naturaleza de estas intervenciones: ¿son meramente tareas de ingeniería militar o son en sí mismas acciones integrales de seguridad y desarrollo? La revisión sistemática que llevan a cabo los autores sugiere que la huella social que dejan es innegable y que su evaluación debe incorporar indicadores de acción integral, como la reducción de la pobreza y las dinámicas de crecimiento económico.

En la sección Pabellones, como última contribución académica en este número, se presentan dos reseñas de libro en las que se expresa, de forma subjetiva, la valoración de los autores sobre cada una de las obras de análisis estratégico seleccionadas. El fin de esta sección es acercar la producción científica al ejercicio de lectura crítica de la comunidad académica y científica, a través de obras que son fruto de la investigación. Las propuestas incluidas en este número son la reseña del libro Criminología táctica: seguridad y policiamiento basado en la evidencia (insumos para la modernización y transformación policial), editado por Ervyn Norza Céspedes y Martha Gallego Betancourth, publicado por la Editorial Tirant lo Blanch; y la reseña del libro El crimen organizado en la Amazonía: escenario de desafíos para la seguridad regional, editado por Alejandra Cerón-Rincón, publicado por el Sello Editorial ESDEG. Con este contenido, se hace un llamado a los lectores para que se aproximen a estos productos de investigación, que pueden resultar de interés y consulta, con el fin de dinamizar la generación de nuevo conocimiento.

En definitiva, este número de Estudios en Seguridad y Defensa reitera la necesidad de reconsiderar la seguridad y la defensa como campos en perpetuo proceso de cambio, en los que la estrategia, la innovación y lo que ha sido llamado “acción integral” no dejan de entrelazarse para hacer frente a retos complejos y cambiantes. Los Estados deben proyectar políticas que contemplen capacidades militares, tecnológicas y sociales, integradas y orientadas a anticipar y dar respuesta a los escenarios, construyendo resiliencia institucional. La investigación académica, a su vez, tendrá que afrontar el reto de aportar pruebas, marcos analíticos y propuestas orientadas a la toma de decisiones y al enriquecimiento del debate público.

Por todo lo anterior, se invita a los lectores a empaparse de los artículos que integran este número, a reflexionar sobre los temas que abordan y, por encima de todo, a participar en la producción de nuevos trabajos académicos y científicos que sigan ampliando el horizonte de la seguridad y la defensa en América Latina y en el mundo. La revista Estudios en Seguridad y Defensa renueva su compromiso con la excelencia, la pluralidad y la pertinencia; abre sus páginas a quienes deseen poner su grano de arena en esta construcción colectiva de conocimiento al servicio de la paz, el desarrollo y la seguridad.

Referencias

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