Estudios en Seguridad y Defensa, 19(37), 31-52.
DOI: https://doi.org/10.25062/1900-8325.4725
Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), Colombia
Juan Sebastián Chinchilla Zamora![]()
Pontificia Universidad Javeriana, Colombia
CITACIÓN APA:
Pinzón Arana, F., & Chinchilla Zamora, J. S. (2024). Impacto geopolítico y comercial de la disputa de Sahara Occidental. Estudios en Seguridad y Defensa, 19(37), 31-52. https://doi.org/10.25062/1900-8325.4725
Artículo de revisión
Recibido: 10 de mayo 2024 Aceptado: 13 de junio 2024
Contacto: Federico Pinzón Arana federico.pinzon@igac.gov.co
Este artículo tiene como objetivo identificar y analizar los diversos impactos geopolíticos del conflicto entre el Frente Polisario y Marruecos en el Sahara Occidental, tanto en la esfera regional como en el ámbito extrarregional, con énfasis en temas comerciales y de seguridad. Para ello, se utiliza un marco metodológico que se enfoca en la aplicación de un análisis histórico-lógico y un análisis bibliográfico sobre los antecedentes, efectos y consecuencias geopolíticas y comerciales de la disputa entre ambos actores africanos. Se describe la historia del conflicto, se analiza el contexto geopolítico y comercial, y finalmente se contemplan las alternativas para una posible resolución del conflicto, con base en los hallazgos obtenidos.
Palabras Clave: comercio internacional; conflicto internacional; derecho territorial; frontera; Marruecos; pueblo saharawi
This article aims to identify and analyze the various geopolitical impacts of the conflict between the Polisario Front and Morocco in Western Sahara, both in the regional and extra-regional spheres, with emphasis on trade and security issues. To this end, a methodological framework is used that focuses on the application of a historical-logical analysis and a bibliographical analysis of the background, effects and geopolitical and commercial consequences of the dispute between the two African actors. The history of the conflict is described, the geopolitical and commercial context is analyzed, and finally, alternatives for a possible resolution of the conflict are considered, based on the findings obtained.
Key words: border; international conflict; international trade; Morocco; Sahrawis; territorial law
La invasión del Sahara Occidental por parte de Marruecos, iniciada a mediados de la década de 1970, ha tenido un gran impacto desde el punto de vista geopolítico, tanto para la región noroccidental de África como para agentes extrarregionales que tienen intereses en el continente. Especialmente interesa a las principales potencias europeas, pero también a algunos países latinoamericanos que desean que su política exterior tenga el poder suficiente para alcanzar objetivos y obtener aliados en un continente que alberga múltiples recursos y diversas posiciones geoestratégicas.
La disputa territorial entre el Sáhara Occidental y Marruecos no solo influye en las dinámicas internas y externas de los actores involucrados, sino que también afecta la seguridad de otros países, grupos y organizaciones, además de impactar en sus relaciones comerciales, lazos diplomáticos y, en particular, en sus movimientos y decisiones políticas. En este contexto, el objetivo principal de este artículo es identificar el impacto geopolítico y comercial del conflicto territorial entre Marruecos y el Sáhara Occidental para los países de la región del África noroccidental, así como para otras entidades extrarregionales, especialmente aquellas en la esfera de influencia de la Unión Europea (UE) y de América Latina y el Caribe (ALC).
Paralelamente, para alcanzar el objetivo principal propuesto, se plantean tres objetivos específicos: 1) explicar el contexto histórico y coyuntural del conflicto entre ambas naciones africanas; 2) realizar un análisis regional sobre cómo el conflicto afecta las dinámicas geopolíticas, y 3) llevar a cabo un análisis sobre los impactos geopolíticos y comerciales extrarregionales del conflicto en cuestión.
En última instancia, se exponen una serie de conclusiones que enuncian los efectos y consecuencias en la esfera geopolítica de los diferentes Estados y agrupaciones comprometidas en el conflicto.
Para alcanzar el objetivo planteado, se utilizaron dos metodologías de investigación. La primera fue el análisis histórico-lógico (AHL), que facilitó obtener comunicados, cifras y otros datos cruciales para la investigación. Esta metodología permitió que el artículo tuviera un hilo conductor de carácter lineal, con la mayoría de los apartados organizados cronológicamente, lo que ayudó a explicar de manera lógica y ordenada los principales eventos y sucesos. Además, presenta la evolución del conflicto entre Marruecos y el Sahara Occidental, lo cual es fundamental para entender los orígenes de la contienda, las situaciones más comprometedoras y el papel que han desempeñado los agentes estatales, no estatales, regionales y extrarregionales en el contexto del conflicto.
La segunda metodología empleada fue el análisis bibliográfico (AB), centrado en la obtención de información fiable y fidedigna sobre el tema abordado. Esto requirió la recopilación de datos sobre antecedentes históricos, investigaciones previas y las percepciones de los países involucrados respecto a la problemática (Hernández & Baptista, 2010). Como resultado, se identificaron los principales factores por los cuales la seguridad, las relaciones políticas y comerciales y los aspectos geoestratégicos se han visto directamente afectados por las incidencias e intereses de agentes tanto africanos como no estatales y extracontinentales (Hernández & Baptista, 2010). Este método permite interconectar ideas, argumentos y hechos para llegar a una conclusión sobre la importancia e incidencia geopolítica y comercial de la disputa entre ambos actores africanos (Hernández & Baptista, 2010).
Finalmente, es importante destacar que, para la elaboración del texto, se tomaron como punto de partida algunas obras previas sobre el mismo tema, así como las opiniones y aportes de expertos en áreas como la seguridad humana, los conflictos armados contemporáneos, los negocios y las relaciones internacionales, la ciencia política y la geopolítica.
Los saharauis eran un pueblo nómada que se desplazaba a lo largo y ancho del desierto del Sahara en busca de establecerse temporalmente en sectores estratégicos que les permitieran alimentar a sus rebaños (de ovejas, cabras y otros animales), descansar y obtener recursos hídricos. Los grupos saharauis se movilizaban a través de la región sur de Argelia, la parte norte de Mauritania y la región sur de Marruecos.
Entre 1884 y 1885, luego de la Conferencia de Berlín, las potencias europeas establecieron una serie de fronteras improvisadas para dividir África en territorios que quedaron a cargo de los respectivos colonizadores europeos (Diario de Almería, 30 de mayo de 2013). Por este motivo, los saharauis tuvieron que desplazarse hacia la costa occidental de África, donde levantaron sus principales pueblos y ciudades, en los límites con el océano Atlántico. Allí quedaron bajo la dominación de la Corona española, ubicados en un territorio de 266 000 kilómetros cuadrados, fronterizo con Marruecos, Mauritania y Argelia, y con 1110 kilómetros de costa frente al Atlántico. Bajo la dominación española, ambas culturas lograron convivir de manera relativamente pacífica, pues los españoles pagaban a los saharauis para extraer millones de toneladas de fosfato (Diario de Almería, 30 de mayo de 2013). Del mismo modo, los españoles aprovechaban la cercanía geográfica entre el Sahara Occidental y las Islas Canarias para extraer y comerciar recursos marinos.
Sin embargo, a principios de la década de 1970, los saharauis comenzaron a fomentar e impulsar movimientos nacionalistas para independizarse de los españoles y consolidarse como un Estado oficial (Diario de Almería, 30 de mayo de 2013). En este contexto, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presionaba con frecuencia a los líderes españoles, a través de la Resolución 1514, para que se retiraran del Sahara Occidental, ya que en ese periodo se promovían procesos pacíficos de independencia en todo el mundo. Desde 1957, los saharauis habían creado diversos movimientos de liberación que luchaban contra la ocupación española. No obstante, entre 1968 y 1973 se fundó el Frente Polisario (FP), un partido político de inclinaciones religiosas sunitas con un brazo armado dispuesto a luchar por la independencia del Sahara Occidental (Diario de Almería, 30 de mayo de 2013).
Al principio, el FP luchaba con recursos armamentísticos y humanos muy limitados contra los colonialistas; pero los españoles comenzaron a retirarse debido a las actividades independentistas en el Sahara Occidental. En efecto, en octubre de 1975, España inició la Operación Golondrina (OG), que consistió en la rápida evacuación de sus ciudadanos, junto con armamento, vehículos, recursos y riquezas, de las principales ciudades del Sahara Occidental, como El Aaiún, Villa Cisneros, Dajla, Esmara, y otros puertos y ciudades estratégicos.
Luego, el 6 de noviembre de 1975, Marruecos llevó a cabo una maniobra socio-militar conocida como la “Marcha Verde”. Esta operación consistió en aprovechar la debilidad y la escasa presencia de tropas españolas en el Sahara Occidental para invadir los territorios mediante una serie de marchas pacíficas. En estas marchas participaron aproximadamente 25 000 soldados marroquíes y 300 000 civiles. El ejército español contaba con apenas 5000 tropas en las zonas cercanas a la frontera con Marruecos, lo que permitió que los marroquíes se desplegaran y avanzaran con facilidad a lo largo del desierto (Palacios & Payne, 2014).
En ese momento, el rey de Marruecos, Hassan II, se sentía plenamente respaldado en la esfera internacional tanto por Francia como por Estados Unidos, lo cual lo llevó a ignorar las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que instaban a su retirada del territorio saharaui. El apoyo político de estadounidenses y franceses se debía a que, en el contexto de la Guerra Fría, los líderes saharauis y argelinos simpatizaban con la Unión Soviética, mientras que Hassan II se alineaba con el bloque occidental. Además, tanto Francia como Estados Unidos consideraban que, por su posición geográfica, Marruecos podría ser una pieza clave desde el punto de vista militar y comercial en un posible conflicto con el bloque soviético.
Después de las incursiones de Marruecos en lo que entonces se conocía como el Sahara Español, España decidió firmar un acuerdo con Marruecos y Mauritania para que los tres países pudieran administrar el territorio saharaui sin enfrentar inconvenientes político-militares. En este contexto, el Acuerdo Tripartito de Madrid se firmó el 14 de noviembre de 1975 y entró en vigor en 1976, estableciendo un reparto del Sahara Occidental en porciones administradas por los países mencionados. Para entonces, los españoles ya se habían ido retirando desde la OG, mientras que la presencia marroquí aumentaba a un ritmo exponencial. El Acuerdo Tripartito de Madrid es considerado por la ONU como un suceso político muy polémico, ya que marca el punto de partida para el desarrollo y estallido oficial del conflicto entre el FP y países como Mauritania y Marruecos.
Entre las consecuencias de la firma del tratado se encuentra la movilización de los saharauis hacia la región argelina de Tindouf en 1976, huyendo de los invasores marroquíes. En ese momento, el FP operaba desde Argelia y organizaba operaciones militares tanto en el interior del Sahara Occidental ocupado como en ciertas partes de Mauritania, especialmente en su capital, Nuakchot. Las ofensivas del FP en Mauritania llevaron a la firma de los acuerdos de Argel en 1979, mediante los cuales Mauritania se retiró permanentemente del Sahara Occidental. Sin embargo, casi de inmediato, Marruecos tomó control de la zona despejada por los mauritanos, lo que intensificó los enfrentamientos entre el FP y Marruecos. La contienda entre marroquíes y saharauis continuó hasta 1991, cuando se firmó un “alto al fuego” que perdura hasta el día de hoy.
En la década de 1980, la invasión marroquí al Sahara Occidental se convirtió en un tema prioritario en la agenda de seguridad de la Organización para la Unidad Africana (OUA), actualmente conocida como la Unión Africana (UA). Para aumentar el apoyo y la solidaridad hacia el Sahara Occidental, la organización permitió en 1982 la entrada de los saharauis, quienes participaron en las asambleas del organismo en aras de obtener respaldo político de las demás naciones. Los Estados africanos votaron a favor de la inclusión de los saharauis en la organización, lo que llevó a Marruecos a retirarse en 1984, debido a la presión ejercida por la mayoría de los países, quienes criticaron la invasión del Sahara Occidental.
Tras el alto al fuego de 1991, la ONU decidió implementar una misión especial para supervisar el mantenimiento de la paz y organizar un referéndum con el objetivo de alcanzar un acuerdo bilateral entre marroquíes y saharauis que permitiera finalizar el conflicto de manera pacífica. Esta operación, denominada Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental (Minurso), se centró en fomentar el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. En 2011, Minurso amplió su enfoque para incluir la defensa de los derechos humanos tanto de los saharauis que viven en territorios ocupados, como de aquellos que habitan en los campamentos de refugiados en Argelia.
Desde 2018, la ONU ha desplegado casi 1200 personas, la mitad de las cuales son militares encargados de supervisar cuidadosamente la situación. Sin embargo, aunque se ha logrado que los representantes diplomáticos de cada país se sienten a dialogar, los avances significativos aún son escasos, y se requieren mayores esfuerzos de ambas partes para resolver el conflicto (Minurso, 2024).
Hoy en día, con el estancamiento del conflicto territorial entre Marruecos y el FP, el tema del Sahara Occidental ha pasado parcialmente a un segundo plano para la UA. Actualmente, la ONU es el organismo encargado de supervisar los acercamientos entre saharauis y marroquíes. Mientras tanto, la UA informó en 2018 que concentraría sus esfuerzos, hasta 2021, en 13 áreas de atención prioritaria, con el objetivo de resolver problemas específicos en Libia, Malí, Sudán del Sur, Somalia y otros nueve puntos, principalmente en la región del África Subsahariana (United Nations, 2018).
En ninguno de los puntos que aborda el plan de la UA para 2021 se incluye al Sahara Occidental como un área prioritaria. Como resultado, esta región no cuenta con los cuatro beneficios que la Unión ofrece a las áreas de atención, entre los cuales se encuentran la ayuda humanitaria, la cooperación en temas de desarrollo y generación de empleo, las operaciones para el mantenimiento de la paz y la supervisión del Consejo Africano de Seguridad (United Nations, 2018). Esto evidencia que el estancamiento del conflicto entre Marruecos y el FP ha relegado la situación del Sahara Occidental a un segundo plano tanto en la arena regional como en la extrarregional. Las principales potencias, tanto africanas como europeas, se han centrado en favorecer a los actores que poseen activos geopolíticos importantes, como Marruecos, que controla las aguas y costas saharauis, lo que lo convierte en una potencia africana con relevancia comercial y geoestratégica (United Nations, 2018).
El conflicto entre el FP y Marruecos, que se ha prolongado por más de cuatro décadas, no solo compromete a los saharauis y a los marroquíes, sino que también amenaza la seguridad fronteriza y humana de todo el África noroccidental. Este conflicto impacta directamente a actores clave en el tablero geopolítico de la región, como Argelia y Mauritania, así como a organizaciones políticas continentales como la UA, que actúa como un organismo de la ONU en los asuntos que afectan a todo el continente africano.
Desde una perspectiva geopolítica, el conflicto tiene un gran impacto que se evidencia al analizar los efectos y consecuencias de la disputa, especialmente desde la perspectiva de las conmociones geopolíticas que afectan tanto los entornos terrestres como marítimos del noroeste de África. En el ámbito de las dinámicas geopolíticas marítimas, múltiples actores están involucrados, ya que Marruecos aprovecha la costa atlántica del Sahara Occidental para extraer recursos y facilitar el comercio de mercancías tanto con países europeos, como España, Francia, Italia y Portugal, como con países africanos, entre ellos Mauritania, Gambia y Senegal.
Por otro lado, en el entorno terrestre, el conflicto entre ambas “unidades políticas” ha causado un enorme deterioro del orden fronterizo y social en la región donde convergen las fronteras de Argelia, Mauritania, Marruecos y el Sahara Occidental. Esta situación se agravó cuando los saharauis se desplazaron hacia la región argelina de Tindouf, lo que comprometió políticamente a Argelia, debido a que el gobierno argelino —en especial durante las administraciones de Houari Boumediene (1965-1978) y Abdelaziz Bouteflika (1999-2018)— respaldó ampliamente al FP, permitiéndoles establecer sus sedes políticas en Argel y brindándoles numerosos recursos, incluyendo amplios territorios para establecer campamentos y la posibilidad de recibir ayuda humanitaria tanto de cooperación internacional como de varias ONG y la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Debido a la actitud favorable que los líderes argelinos han mostrado hacia los sa-harauis, la rivalidad entre Argelia y Marruecos ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos. Esto se refleja en los frecuentes cierres fronterizos y el incremento de las tensiones políticas entre ambos Estados, ya que tanto Argelia como Marruecos han militarizado sus fronteras para supervisar y vigilar los movimientos geoestratégicos de cada uno. Además, Marruecos ha criticado duramente las decisiones de Argelia en apoyo a los saharauis, mientras que Argelia, junto con los saharauis, denuncia ante la ONU y la UA el maltrato que los marroquíes infligen a los saharauis en los territorios ocupados.
Diversos funcionarios argelinos brindan acompañamiento especial a los tomadores de decisiones saharauis que se presentan ante organismos internacionales para discutir la situación actual de la disputa. Sin embargo, la colaboración argelina no es del todo altruista, ya que Argelia tiene intereses estratégicos en las aguas del océano Atlántico. Por lo tanto, los estrategas argelinos se interesan en que los saharauis recuperen el territorio ocupado por Marruecos, con la esperanza de negociar una fracción de ese territorio que les permita acceder al Atlántico. Esto proporcionaría a Argelia una ventaja geopolítica significativa desde el punto de vista comercial, ya que le permitiría establecer contacto con las islas españolas (Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria) ubicadas en las proximidades de África, además de proyectar sus exportaciones y mercados hacia América.
Desde otro ángulo, el desbordamiento fronterizo del conflicto representa una amenaza para la seguridad de Mauritania, considerando que la falta de vigilancia en la frontera entre los campamentos saharauis en la región de Tindouf y el norte de Mauritania facilita un espacio propicio para diversas actividades del crimen organizado. Las autoridades mauritanas, saharauis y argelinas no tienen control efectivo sobre la zona, ya que la frontera entre Mauritania y Argelia se caracteriza por una geografía aislada y compleja, con altas temperaturas, aridez extrema y difíciles vías de acceso. Como resultado, en esta frontera de 463 kilómetros de longitud proliferan el contrabando, la trata de migrantes e incluso el movimiento de grupos terroristas, alineados con facciones yihadistas, provenientes de países como Malí y Nigeria.
Paralelamente, Mauritania es, después de Argelia, el Estado más vulnerable a los flujos migratorios saharauis. Aunque la mayoría de los saharauis se desplazan desde los territorios no ocupados del Sahara Occidental hacia Argelia, se espera que, ante un posible conflicto bélico entre el FP y las fuerzas marroquíes, los saharauis comiencen a migrar hacia Mauritania. Esto se debe a que los recursos y oportunidades en los campamentos de Tindouf son extremadamente limitados, y la frontera entre Mauritania y el Sahara Occidental, que se extiende por 1516 kilómetros, ofrece un acceso más fácil para los saharauis en comparación con la frontera argelina-saharaui, que tiene solo 42 kilómetros y está permanentemente vigilada por las autoridades marroquíes debido a su proximidad con el conocido Muro de la Vergüenza.
Por lo tanto, se pronostica que, a largo plazo, las migraciones saharauis se dirigirán hacia Mauritania, en caso de no firmarse un acuerdo sólido entre Marruecos y el FP para devolver los territorios a los saharauis. Esto es muy probable, ya que la presión militar de Marruecos es implacable y la opresión hacia los movimientos independentistas saha-rauis continúa siendo severa.
La invasión por parte de Marruecos del 80 % del territorio del Sahara Occidental se enmarca en la primera etapa de un objetivo primordial en términos de geoestrategia y política exterior, conocido a nivel nacional y regional como el “Gran Marruecos” (Téllez, 2012). El objetivo es expandir el territorio marroquí reivindicando una serie de territorios mediante argumentos históricos, jurídicos y presión político-militar. Entre los territorios reclamados por Marruecos se incluyen gran parte del occidente de Argelia, toda Mauritania, una considerable porción de Malí, el Sahara Occidental y las aguas que rodean las Islas Canarias, que contienen importantes yacimientos de minerales cruciales para impulsar proyectos tecnológicos, especialmente en la industria automotriz (Figura 1).
Figura 1. Reivindicaciones del Gran Marruecos.
Fuente: Téllez (2012)
Para algunos tomadores de decisiones y expertos en temas político-militares, la expansión territorial que representa el “Gran Marruecos” puede parecer una idea utópica desde una perspectiva geopolítica. Sin embargo, muchos académicos e investigadores sostienen que, desde 1970, Marruecos ya ha logrado avanzar en dos de los postulados clave para alcanzar este objetivo: los marroquíes controlan gran parte del Sahara Occidental, así como su espacio marítimo. Además, Marruecos cuenta hoy en día con capacidades militares, comerciales y políticas muy superiores a las de otros países dentro de su esfera de influencia, como Mauritania, el territorio libre del Sahara Occidental y Malí.
En materia de geopolítica, los verdaderos obstáculos para que Marruecos logre consolidar el “Gran Marruecos” son Argelia y la UA. En primer lugar, Argelia se considera una potencia en el tablero geoestratégico africano debido a sus capacidades tangibles, como su gran extensión territorial, su poderío militar y su superioridad demográfica en comparación con Marruecos. Además, la cercanía geográfica entre Marruecos y Argelia limita el margen de maniobra de Marruecos en sus planes expansionistas, ya que su frontera más extensa, 1559 kilómetros, es compartida con Argelia.
Esta proximidad obliga a Marruecos a depender del territorio ocupado del Sahara Occidental para proyectarse hacia otras partes de África, lo que le permite tener contacto directo con Mauritania y, en menor medida, acercarse a Malí y Senegal.
Sin embargo, a pesar de la vasta extensión territorial de Argelia, Marruecos posee ventajas militares superiores, lo que lo convierte en un actor geopolítico importante con capacidad para proyectarse hacia otras partes de África. Estas ventajas le permiten avanzar en sus propósitos primordiales en materia de política exterior y en sus objetivos nacionales, como la expansión territorial para alcanzar la magnitud del “Gran Marruecos”.
No obstante, se debe tener en cuenta que, desde mediados de 2018, Argelia ha atravesado una etapa de inestabilidad política grave, caracterizada por la falta de confianza de la población en sus dirigentes, especialmente respecto a la buena toma de decisiones. Esta desconfianza se manifestó en las masivas protestas que estallaron recientemente en las principales ciudades argelinas contra Abdelaziz Bouteflika y sus asesores. Como resultado, Argelia ha perdido preponderancia en el panorama internacional, especialmente en el contexto político africano, mientras que Marruecos ha ganado relevancia gracias a sus vínculos comerciales con Europa y su creciente potencial político-militar e industrial (Global Fire Power, 2019).
Desde otra perspectiva, actores como Mauritania y el Sahara Occidental son prácticamente insignificantes en el contexto militar en comparación con Marruecos. En 2019, Mauritania contaba con un ejército ligero de apenas 16 000 hombres, junto con un número limitado de activos militares, incluidas 26 aeronaves, 95 vehículos armados y 5 unidades navales (Global Fire Power, 2019). En contraste, el Sahara Occidental depende exclusivamente de los recursos bélicos del FP, que incluye algunos vehículos especiales de fabricación francesa y sudafricana para movilizar tropas a lo largo del desierto, además de armamento básico, como rifles semiautomáticos y algunas armas automáticas, en su mayoría de generaciones pasadas.
Considerando lo anterior, se podría decir que el valor, el patriotismo y el deseo de sobrevivir son las mejores armas con las que cuenta el pueblo saharaui. Por lo demás, el FP y sus seguidores disponen de recursos militares muy limitados en comparación con ejércitos modernos como los de Argelia o Marruecos, especialmente este último. Marruecos combina armas de tecnología avanzada, como drones y aviones, con vehículos ligeramente anticuados. Además, Marruecos mantiene diversos acuerdos de cooperación militar con países como Bélgica, Estados Unidos, Francia, Holanda e Italia, naciones que le proporcionan instrumentos, herramientas y armamento especializado, particularmente en el ámbito aeronáutico, antiaéreo y naval (Global Fire Power, 2019).
Paralelamente, como se mencionó, además de Argelia, otro de los obstáculos geopolíticos que enfrenta Marruecos en su objetivo expansionista es la UA. Aunque esta no representa un impedimento geográfico para Marruecos, sí puede ejercer presión como un ente político supranacional sobre Marruecos de diversas maneras, impidiendo que despliegue sus fuerzas hacia otras regiones de África, incluido el sector del Sahara Occidental que aún no ha ocupado.
La UA comenzó a funcionar el 9 de julio de 2002 con el objetivo de acelerar el proceso de integración en el continente para desempeñar su papel legítimo en la economía global, mientras aborda problemas socioeconómicos y políticos multifacéticos. Marruecos abandonó el bloque africano en 1984, cuando aún se denominaba Organización para la Unidad Africana (OUA), debido al apoyo de la OUA al pueblo saharaui y la presión ejercida sobre Marruecos por su postura contra el Sahara Occidental. Sin embargo, en 2017, Marruecos logró reintegrarse a la UA con una aprobación del 71 % de los votos por parte de los miembros de la Unión.
En la actualidad, la UA no busca presionar a Marruecos con sanciones económicas o reprimendas político-diplomáticas, sino facilitar una negociación pacífica entre Marruecos y los líderes del FP. Este proceso se realiza bajo la supervisión y el acompañamiento de los principales tomadores de decisiones y líderes de los países africanos con mayor peso económico, político y diplomático dentro del bloque, como Argelia, Egipto, Nigeria y Sudáfrica.
Cabe aclarar que los estrategas y militares marroquíes consideran que la membresía de Marruecos en la UA podría tornarse en un obstáculo político para alcanzar sus objetivos geoestratégicos a mediano y largo plazo. Al formar parte de este organismo, Marruecos se ve obligado a cumplir con ciertos parámetros de conducta, como mantener lazos amistosos con sus vecinos y cooperar abiertamente con los demás miembros de la Unión para resolver problemas comunes y salvaguardar la seguridad regional. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, la situación entre Marruecos y el FP ha perdido relevancia dentro de la UA, mientras que en otros organismos, como la ONU, ha ganado mayor importancia.
Actualmente, la ONU es el organismo internacional que impulsa el bienestar de la región de África Occidental, facilitando encuentros diplomáticos entre Marruecos y el FP con fines de reconciliación. Se han llevado a cabo una serie de simposios, conferencias y reuniones entre representantes de ambas partes, con resultados relativamente satisfactorios y fructíferos. El encuentro más representativo se celebró el 6 de diciembre de 2018 en Ginebra, Suiza. En esa ocasión, con la participación de representantes de Argelia, Mauritania y Estados Unidos, tanto marroquíes como saharauis lograron establecer un diálogo pacífico en el que se discutió la posibilidad de realizar un referéndum saharaui a favor de la independencia. El responsable de supervisar el encuentro fue el político y economista alemán Horst Kohler, quien determinó que la reunión representaba un gran avance, aunque subrayó la necesidad de continuar trabajando en la cooperación y en la construcción de confianza, dado que, desde 2012, marroquíes y saharauis no se habían reunido frente a frente para discutir el conflicto.
A finales de marzo de 2019 se llevó a cabo una nueva reunión en Suiza, también supervisada y moderada por Horst Kohler. En esta ocasión, participaron el ministro de Relaciones Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, y el presidente del Parlamento Saharaui, Jatri Aduh. El evento también contó con la presencia de dirigentes mauritanos, argelinos y estadounidenses, quienes recomendaron la reactivación de la Minurso para promover el bienestar y el desarrollo del pueblo saharaui. Se volvieron a tratar temas prioritarios discutidos en 2018, como la posibilidad de organizar un referéndum, aunque hasta el momento no se ha alcanzado una respuesta concreta a esta propuesta. Por otro lado, según Kohler y los demás mediadores, “Es evidente que hay acercamientos benignos entre ambas partes, pero falta voluntad de trabajo conjunto para solucionar los problemas que comprometen a la región” (2019).
A finales de marzo de 2019, se realizó nuevamente en Suiza una reunión supervisada y moderada por Kohler en donde participaron el Ministro de Relaciones Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, y el Presidente del Parlamento Saharaui, Jatri Aduh. El evento se realizó además con la compañía de dirigentes mauritanos, argelinos y estadounidenses, los cuales recomendaron la reactivación de la Minurso para impulsar el bienestar y el desarrollo del pueblo saharaui. Igualmente, se tocaron temas que fueron prioritarios en la reunión de 2018, como la posibilidad de organizar un referéndum, sin embargo, aún no hay una respuesta a esta propuesta. Por otro lado, de acuerdo con Kohler y los demás mediadores; “Es evidente que hay acercamientos benignos entre ambas partes, pero falta voluntad de trabajo conjunto para solucionar los problemas que comprometen a la región” (Peregil, 2019).
Al finalizar la reunión, el Consejo de Seguridad decretó que los encuentros deberían realizarse con una frecuencia de seis meses para evaluar y alcanzar resultados en el menor tiempo posible, con el fin de evitar que la disputa se prolongue (Peregil, 2019). Kohler subrayó que el objetivo primordial de estas reuniones es fomentar espacios donde se promueva el diálogo pacífico para resolver las discrepancias entre ambos actores africanos, con el acompañamiento de mediadores y sujetos imparciales.
Para analizar el impacto de la dinámica comercial regional y extrarregional del conflicto, es esencial considerar que Marruecos controla el 80 % del territorio no autónomo de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Como resultado, Marruecos tiene control sobre la mayoría de los recursos naturales y productos comerciales de esta región. Sin embargo, debido a la disputa territorial, estos recursos no pueden ser comercializados ni explotados libremente, lo que genera múltiples limitaciones, obstáculos y conflictos.
Una de las razones por las que Marruecos desea anexar el Sahara Occidental como una región, mientras que la RASD lucha por la soberanía territorial, el movimiento identitario y el reconocimiento internacional, es la riqueza del territorio en términos de recursos naturales y minerales. Esta zona también es de interés para países vecinos como Argelia y Mauritania, así como para otros países africanos y la UE, debido a su gran capacidad de abastecimiento y su potencial para vincularse con el mercado internacional. De hecho, varias multinacionales ya han llevado a cabo labores de extracción y exploración en estos territorios, como la corporación francesa Total y la empresa estadounidense Kosmos Energy.
El Sahara Occidental es rico en una variedad de recursos naturales, incluyendo metales diversos, minerales, fosfato, petróleo, gas, uranio y piedras preciosas. El fosfato es el recurso más abundante en la región, en especial en la ciudad de Bucraa, que se encuentra bajo dominio marroquí. Se estima que el Sahara Occidental es el cuarto productor mundial de fosfato, después de China, Estados Unidos y Marruecos, con una producción anual promedio de alrededor de 25 000 toneladas (Grupo Fosfatos, s.f.). Además, posee el 2 % de las reservas mundiales (Raven Down, s.f.).
Por su parte, Marruecos es el tercer productor mundial de fosfato, el primer exportador y el país con más reservas mundiales, con aproximadamente el 70 % (Grupo Fosfatos, s.f.). Se calcula que en los territorios ocupados del Sahara Occidental se producen anualmente 2,4 millones de toneladas de fosfato, con un valor aproximado de 248 USD por tonelada (Indexmundi, s.f.). Esto sugiere que la producción de este mineral en los territorios ocupados podría generar ganancias de alrededor de 595 millones de USD por año.
Esto demuestra la importancia estratégica del Sahara Occidental, pues poseer el 2 % de las reservas mundiales de fosfato lo convierte en un territorio muy codiciado. El fosfato es esencial para el sector agrícola, ya que se usa en fertilizantes para el crecimiento de las plantas y el mantenimiento del hábitat de los animales. Marruecos aprovecha este recurso de forma limitada, debido a que muchos países no reconocen el Sahara Occidental como parte de Marruecos, y los productos provenientes de zonas o territorios en disputa enfrentan restricciones de acceso en los acuerdos comerciales, y en muchos casos son excluidos. No obstante, aunque la comercialización está restringida, Marruecos sigue obteniendo beneficios económicos de la explotación de los recursos del Sahara Occidental.
La pesca es otro sector económico importante, ya que, según el Consejo Económico, Social y Medioambiental de Marruecos (CESEM), genera alrededor de 74 000 empleos al año, lo que equivale al 31 % de los empleos locales y al 17 % del PIB del territorio (Quarante, 2014). Otro recurso de gran relevancia es el uranio, un elemento químico esencial para la elaboración de armas nucleares y la generación de energía. Incluso, según una revelación de Wikileaks, la Office Chérifien des Phosphates (OCP), una de las organizaciones que más exporta fosfato a nivel mundial, habría llegado a acuerdos con Sarkozy para la extracción de uranio a partir del ácido fosfórico (El País, 23 de octubre de 2007). Desafortunadamente, esta riqueza natural ha impulsado la ocupación marroquí y la resistencia del FP, lo cual impide el desarrollo y aprovechamiento adecuado de la zona para el progreso del continente africano.
Adicionalmente, el comercio de los productos del Sahara Occidental con Europa es esencial para el desarrollo económico de la zona, dado que la UE, como organismo supranacional, es la segunda economía más grande del mundo (International Monetary Fund [IMF], s.f.), y una potencia mundial con una población que supera los 500 millones de habitantes. En el caso del Sahara Occidental, hay una oportunidad única en su proximidad geográfica con las islas españolas Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y la isla portuguesa de Funchal, además de estar cerca de la península ibérica. En cuanto al acceso al mar, el Sahara Occidental se encuentra en la costa atlántica, a poca distancia del mar Mediterráneo, lo que lo convierte en una zona marítima muy rica para la pesca.
Debido a la riqueza territorial y la cercanía geográfica de Marruecos y el Sahara Occidental con Europa, la política exterior de la UE ante la disputa territorial es relevante. Si bien es cierto que, si el Sahara Occidental se anexara a Marruecos, el intercambio comercial, la cooperación y la inversión en el territorio no autónomo se intensificarían, la posición de la UE es neutral: no reconoce a la RASD ni apoya al FP, ya que no obtendría beneficios de ello; pero, al mismo tiempo, tampoco apoya la intervención marroquí en el territorio y mucho menos reconoce esta zona como parte de Marruecos.
El reconocimiento del Sahara Occidental como parte de Marruecos puede generar tensiones políticas entre países como Argelia y Francia, que tienen un pasado colonial y una relación euroafricana muy importante, así como entre Marruecos y España, que comparten fronteras terrestres a través de los enclaves de Ceuta y Melilla, y abordan varios temas en conjunto. Las relaciones entre los países del Magreb no son del todo armoniosas, y Argelia se ha opuesto a la expansión territorial de Marruecos. Por eso, para no fomentar tensiones regionales y extrarregionales por sus decisiones en política exterior, la UE mantiene una postura neutral, comerciando en la medida de lo posible con Marruecos.
La UE ha mantenido relaciones comerciales con Marruecos desde 1995, cuando firmaron el Acuerdo de Asociación, y desde entonces el intercambio comercial se ha ido liberalizando progresivamente. Además, Marruecos forma parte del programa MEDA de la UE, cuyo objetivo es aumentar la cooperación entre la UE y los países mediterráneos no europeos, con el fin de generar impactos positivos en el desarrollo económico, la infraestructura y el ámbito social (Córdoba, 2017). Asimismo, la UE ha ayudado a financiar proyectos en Marruecos, como el tranvía Rabat-Salé, que ha impulsado la infraestructura y el desarrollo del país, así como otros proyectos de cooperación en temas de desarrollo con los países del norte de África.
A pesar de ello, la relación comercial entre Marruecos y la UE enfrenta inconvenientes, ya que muchos países africanos, como los que reconocen a la RASD, no ven con buenos ojos estos acuerdos comerciales. El hecho de que productos provenientes del Sahara Occidental puedan ser comercializados puede interpretarse como una violación de los derechos humanos de los saharauis y del derecho internacional público por parte de la UE. No obstante, la UE ha pactado un acuerdo pesquero con Marruecos, que ha sido aprobado por el Parlamento Europeo. Este acuerdo ha generado polémica para el FP y los eurodiputados que apoyan la independencia de la RASD, quienes se han opuesto tajantemente y han interpuesto demandas ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TSJUE). Este tribunal ha dictaminado que no se pueden comercializar productos de territorios en disputa, dado que parte de los productos extraídos y vendidos por Marruecos provienen del Sahara Occidental (TSJUE, 2018).
Por consiguiente, se tuvo que renegociar un acuerdo con énfasis en el sector pesquero, y, a diferencia del anterior, se estableció la obligatoriedad de contribuir al bienestar de la población local. Este nuevo acuerdo fue ratificado y aprobado por el Parlamento Europeo en 2019, con una vigencia de cuatro años (Parlamento Europeo, 2019). Esto demuestra que, a pesar de la disputa territorial en el Sahara Occidental, el comercio entre la UE y Marruecos continúa llevándose a cabo, aunque ha estado sujeto a demandas y oposición por parte de los saharauis.
Es relevante el hecho de que la UE no ha apoyado al pueblo saharaui en su lucha por la independencia ni en el reconocimiento de la RASD; por el contrario, prioriza mantener una relación amistosa con Marruecos en términos de cooperación y comercio, ya que es la quinta potencia económica de África, con un PIB cercano a los 120 000 millones USD (IMF, s.f.), y una población de más de 36 millones de personas (World Meters, s.f.). Además, Marruecos es una potencia regional con gran reconocimiento internacional. Posee instituciones mucho más consolidadas que otros Estados africanos, lo que contribuye a su buena relación con la UE, convirtiéndose en un aliado contra la inmigración ilegal, la trata de personas, el terrorismo, el narcotráfico y otros crímenes transnacionales. Además, su posición geográfica facilita el intercambio cultural y comercial, tanto en importación como en exportación (Solano, 2016).
Por lo tanto, llegar a una posible resolución del conflicto sería beneficioso, ya que Marruecos podría comercializar sus productos con países cercanos como Portugal, España, Francia y otros miembros de la UE, mientras que los saharauis podrían tener una mayor participación en la actividad pesquera, además de obtener beneficios sociales. Al comercializar los productos con la UE, también se abriría la posibilidad de aumentar la viabilidad de acuerdos comerciales con países de Latinoamérica y Asia.
En lo que respecta al FP en el ámbito internacional, ya ha tenido contacto con actores tanto de Latinoamérica como de Asia. A comienzos del siglo XXI, países como Brasil, Cuba y Venezuela les ofrecieron cierta asistencia. Según Mojtar Lebuehi, diplomático sa-haraui oficial: “Los saharauis recibían ayudas permanentes de Latinoamérica, especialmente de Venezuela, en el campo infraestructural, de Cuba, en el campo de la educación, y de Brasil, en asistencia humanitaria y donaciones de alimentos, agua potable y distintos tipos de materiales” (2018).
Hoy en día, el apoyo e influencia de Venezuela y Cuba es casi nulo, teniendo en cuenta que son regímenes dictatoriales cuyas poblaciones viven en la miseria; la política exterior de ambos países, como no alineados, es poco influyente más allá de América Latina. En cuanto a Brasil, su enfoque de política exterior cambió significativamente tras la elección de Jair Bolsonaro como presidente, lo que cortó el apoyo a la RASD.
Actualmente, Brasil se concentra en fomentar proyectos de desarrollo industrial con el objetivo de convertirse en una potencia regional con proyección internacional. Su enfoque hacia ciertas comunidades no reconocidas se ha desdibujado casi por completo, debido a una política exterior que busca acercar a Brasil más hacia la UE, Estados Unidos y otros países desarrollados para explotar su potencial comercial y tecnológico. Frente al continente africano, Brasil enfoca sus esfuerzos diplomáticos y comerciales en fortalecer su relación con los países de habla portuguesa, como Angola, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe, Guinea Ecuatorial y Guinea Bissau.
A pesar del conflicto territorial, China ha mostrado un creciente interés en África, fomentando el comercio, invirtiendo en proyectos de desarrollo y construyendo lazos importantes con varios países. No obstante, aún no se ha logrado un acercamiento oficial. Es posible que, a largo plazo, China aproveche sus ventajas comerciales y políticas para acercarse a los saharauis con el fin de promover vínculos que podrían generar más cooperación e inversión.
De igual manera, algunas empresas chinas mostraron en su momento interés en adquirir grandes extensiones de terreno en pleno desierto con el objetivo de instalar paneles solares capaces de almacenar una gran cantidad de energía. Sin embargo, el hecho de que la zona esté en una constante condición de tensión y alto riesgo no genera incentivos suficientes para realizar inversiones de gran escala, como la construcción de fábricas y la instalación de industrias o plantas en el territorio saharaui (Lebuehi, 2018).
Finalmente, tanto en el contexto comercial como en el ámbito político, la diplomacia es una de las mejores armas con las que cuenta el pueblo saharaui. Desde que comenzó el conflicto con Marruecos, los representantes políticos saharauis en el extranjero se han dedicado a establecer contacto con organizaciones, tanques de pensamiento y movimientos sociales para dar a conocer su causa. Actualmente, el cuerpo diplomático saha-raui despliega a sus líderes en países extracontinentales, forjando alianzas estratégicas que permitan fortalecer la idea saharaui de convertirse en un Estado independiente. De la misma manera, a través de estas misiones diplomáticas se busca obtener el reconocimiento político de otros Estados en todo el mundo.
Hoy, el gobierno saharaui concentra sus esfuerzos en mantener y gestionar el óptimo funcionamiento de sus canales diplomáticos, principalmente en España, donde tiene una alta incidencia en términos políticos, y en América Latina, particularmente en Colombia y México. En estos países, los tomadores de decisiones saharauis han logrado establecer contacto con organizaciones, universidades y otras embajadas, que actúan como patrocinadores o voceros para respaldar, proyectar y exponer su realidad, historia y cultura a través de la diplomacia, las comunicaciones estratégicas y múltiples proyectos de investigación (Lebuehi, 2018).
Es importante recalcar que, después de que la ONU promoviera los movimientos de descolonización en todo el mundo, el Sahara Occidental permanece como el único territorio no autónomo en África, sin alcanzar una solución al conflicto hasta el día de hoy. Es necesaria una esa solución, ya que se trata de un conflicto que ha durado más de cuatro décadas, afectando a Marruecos, a los saharauis y teniendo repercusiones en toda África. Consecuentemente, es crucial avanzar y superar el estancamiento diplomático que no contribuye al desarrollo económico y social de la región. Con una posible resolución del conflicto, las tensiones geopolíticas se reducirían y se podría comercializar libremente los productos del territorio en disputa, lo cual sería muy positivo a nivel socioeconómico.
Lamentablemente, la resolución del conflicto no es sencilla, ya que los saharauis consideran que han sido fuertemente afectados por la disputa territorial. Tras la retirada de los españoles, el Estado marroquí ha intentado neocolonizarlos, ultrajando sus recursos e invadiendo su territorio. Esto ha causado un impacto negativo sobre los saharauis, quienes no pueden comerciar sus productos ni obtener beneficios económicos y sociales de ellos. Este conflicto ha dejado a la población en condiciones de extrema pobreza, vulnerabilidad y riesgo, enfrentando amenazas como el narcotráfico, la migración ilegal, la trata de personas, entre otras.
Los saharauis argumentan que la extracción de recursos por parte de Marruecos es ilegal, al igual que la concesión de licencias a terceros y multinacionales, como Kosmos Energy, a la que Marruecos otorgó permisos para inspeccionar 22 000 kilómetros cuadrados (Espiral 21, 7 de febrero de 2018), o el caso de la empresa francesa Total, que, además de realizar exploraciones petrolíferas, también lleva a cabo exploraciones de gas. Muchas de estas explotaciones y exploraciones se realizan sin tener en cuenta la opinión ni la participación de los saharauis; muy pocos de ellos trabajan o participan en las actividades de producción, extracción o comercialización de estos recursos. Así, la compensación económica y social para los habitantes es escasa, aunque ha aumentado considerablemente en los últimos años en los territorios ocupados por Marruecos.
La continuación del conflicto y una eventual guerra son alternativas que el FP considera para perseguir sus aspiraciones y objetivos independentistas. Sin embargo, el panorama de una guerra contra Marruecos no es prometedor; aunque los saharauis consideran la ocupación marroquí como ilegal, Marruecos ya controla el 80 % del territorio, lo que demuestra que los saharauis han perdido terreno y están cada vez más debilitados. Como se mencionó, las capacidades militares y económicas de los saharauis, así como el apoyo internacional en ayuda militar o de inteligencia, son extremadamente limitados. Adicionalmente, este conflicto no ha alcanzado un nivel que justifique una intervención. Aunque Argelia y otros Estados reconocen a la RASD, la posibilidad de una intervención en un posible escenario de guerra es escasa.
El conflicto ha dejado a los saharauis parcialmente apátridas, en riesgo y viviendo en condiciones de pobreza; una situación de gran precariedad, sin una solución ni un futuro claro para las nuevas generaciones. Si el FP contara con mejor armamento y mayor apoyo internacional, y los saharauis fueran más de los 500 000 que son actualmente (World Meters, s.f.) y no estuvieran en tales condiciones de pobreza, la confrontación contra Marruecos tendría mayor viabilidad, capacidad de disuasión y poder de negociación. Sin embargo, una guerra contra Marruecos podría resultar en una derrota indiscutible para el FP, o dejarlos en un “callejón sin salida”. Incluso podría llevarlos a condiciones peores que las actuales.
El impacto geopolítico del conflicto territorial entre Marruecos y el FP es complejo, ya que afecta las dinámicas regionales al profundizar los obstáculos comerciales en el continente. Además, en la esfera regional, este impacto compromete directamente a agentes trascendentales con grandes capacidades militares y político-económicas, como Argelia y Marruecos, lo cual genera un estado de tensión permanente en la UA y otros entes jurídicos de África.
Asimismo, el hecho de que tanto saharauis como marroquíes ocupen puestos en la UA divide al continente en dos partes: por un lado, quienes buscan satisfacer sus intereses económicos y comerciales, y, por otro, quienes promueven y fortalecen las misiones para el mantenimiento de la paz, junto con la defensa de los derechos humanos, con énfasis en la descolonización y la libre determinación de los pueblos. Esta división permanente en el organismo perjudica las dinámicas geopolíticas de África, ya que los miembros no logran ponerse de acuerdo para abordar los desafíos que amenazan directamente la seguridad regional.
Paralelamente, en las dinámicas geopolíticas del entorno internacional, priman los asuntos comerciales y económicos. Las potencias europeas, como España, Francia y otros países, constantemente utilizan sus herramientas de política exterior para influir en los asuntos comerciales de África. De igual manera, empresas estadounidenses y de otros países ven con ambición los recursos explotables tanto en las costas como en el territorio saharaui.
Esto también revela que el apoyo de Argelia y otros actores al FP no es del todo genuino, y no garantiza el camino hacia la independencia saharaui ni su reconocimiento internacional. Aunque la RASD es reconocida por algunos países africanos, como Nigeria, Sudáfrica, Egipto y Argelia, y por países latinoamericanos como Cuba y Venezuela, no cuenta con el reconocimiento de ninguna potencia mundial, como Francia, Reino Unido, Estados Unidos, China y Rusia.
Por consiguiente, el FP y el pueblo saharaui deben encontrar otras alternativas para resolver el conflicto. Se ha planteado un referéndum como una posible opción pacífica, pero Marruecos adopta constantemente mecanismos políticos represivos para deslegitimar las acciones políticas saharauis en los territorios ocupados, lo que hace que su realización sea poco probable. La oposición de Marruecos al referéndum es clara, y en el caso hipotético de que llegara a realizarse, tampoco hay garantía de que los saharauis recuperen el territorio.
Otra posible alternativa sería reconocer la soberanía de Marruecos sobre el 80 % del territorio que ocupa, mientras que los saharauis obtendrían soberanía y reconocimiento sobre el 20 % que actualmente controlan. Sin embargo, esto sigue siendo poco probable y no satisface ni a Marruecos ni al FP. Muchos analistas expertos sobre África señalan que una solución de dos Estados podría desencadenar un conflicto regional similar al de Israel y Palestina, ya que los invadidos siempre lucharán por rescatar a su gente y recuperar su territorio.
Otra posible solución sería que los saharauis se unieran como Estado a Marruecos, pero con el territorio en disputa considerado como un territorio autónomo dentro del país. Esto implicaría que, aunque el territorio estaría gobernado por Marruecos, los sa-harauis tendrían cierta independencia y leyes especiales, diferentes a las del resto del país. Marruecos tendría que comprometerse a proporcionar educación, empleo y acceso a una buena infraestructura para el beneficio del pueblo saharaui, además de respetar su cultura y costumbres. Esta opción podría ser una buena alternativa, ya que aliviaría las tensiones en el norte de África, permitiría que los saharauis salieran poco a poco del conflicto y la pobreza, y facilitaría el comercio de los recursos naturales de la región.
También es importante tener en cuenta que, durante el tiempo que ha durado el conflicto, el FP no ha podido garantizar condiciones óptimas de calidad de vida para el pueblo saharaui. Debido a la confrontación, no ha sido posible la consolidación estatal de la RASD, y no existen instituciones fuertes que puedan cubrir las necesidades de la población. Por tal motivo, si se desea mejorar las condiciones de vida del pueblo saharaui, sería prudente analizar, y no descartar del todo, la anexión a Marruecos y las oportunidades de desarrollo que esto podría brindar. Aunque Marruecos es un país en vías de desarrollo, las oportunidades que ofrece son mejores en muchos aspectos en comparación con la situación actual de los saharauis. La persistencia de este conflicto, y la posibilidad de una guerra entre el FP y Marruecos, impide explotar y comercializar los productos del territorio, lo que a su vez dificulta que los saharauis salgan de la pobreza y tengan un mejor acceso a servicios básicos como salud, educación y empleo.
Además, en los últimos años, Marruecos ha iniciado proyectos destinados a mejorar la vida en la “región sur” a través de iniciativas de desarrollo que buscan empoderar a las comunidades locales. Un ejemplo son las labores emprendidas por la Phousboucraa Foundation, inaugurada en 2014, financiada y administrada por la OCP. A través de diferentes programas, esta fundación ha ayudado a los saharauis con la construcción de escuelas, mejoras en la educación, generación de empleo y la capacitación en diferentes sectores, como la pesca. Además, se ha brindado acceso a medicinas y se ha promovido el desarrollo sostenible (Phousboucraa Foundation, s.f.).
En el ámbito pedagógico, se han presentado avances como la creación en 2013 del Centro de Enseñanza en ciertas ciudades, que busca empoderar a los jóvenes, brindarles educación y orientarlos hacia su vida profesional, además de ofrecerles oportunidades de becas e intercambios académicos en universidades de Medio Oriente, África, Estados Unidos y Canadá (Amideast, s.f.).
Además, el plan de desarrollo elaborado por Marruecos en 2013, denominado “Nuevo modelo de desarrollo para las provincias del sur”, tiene como objetivo generar mejores opciones de empleo para los habitantes a través de la pesca, con programas de inserción laboral que combinan teoría y práctica. Este plan también incluye programas para el mejoramiento y aprovechamiento de la agricultura, las artesanías, así como el apoyo a la pequeña y mediana empresa, y a la innovación (CESE, 2013).
Los saharauis podrían obtener beneficios si aceptan el territorio en disputa como parte de Marruecos. En primer lugar, el pueblo saharaui se beneficiaría de los programas de desarrollo, educación y empleo que Marruecos se comprometería a implementar, como ya se ha comenzado a hacer. Además, podrían promoverse políticas públicas que permitan a los refugiados en Mauritania, Argelia y otros países regresar a sus territorios e incorporarse a los diferentes programas sociales.
En cuanto a las relaciones con algunos países de la región, también podría haber efectos positivos, ya que Marruecos podría comerciar sus productos libremente con los países que no reconocen a la RASD, a pesar de las tensiones con Argelia. Además, los lazos comerciales podrían extenderse hacia el África subsahariana. Se considera que Marruecos podría administrar adecuadamente los recursos del Sahara Occidental, lo que contribuiría al desarrollo y a la mejora de la calidad de vida de los saharauis.
Aunque el FP se opone a esta alternativa, en términos reales es la que mayor factibilidad tendría para una posible resolución del conflicto y la disputa territorial, y para una mejora en la calidad de vida de la población. En todo caso, el FP no necesariamente quedaría excluido o saldría perdiendo, ya que esta región podría tener consideraciones especiales y cierta autonomía, similar a lo que ocurre con Cataluña y el País Vasco en España.
Los autores declaran que no existe ningún potencial conflicto de interés relacionado con el artículo.
Los autores no declaran fuente de financiamiento para la realización de este artículo.
Federico Pinzón Arana. Magíster en seguridad y defensa nacionales, Escuela Superior de Guerra “General Rafael Reyes Prieto”, Bogotá. Profesional en relaciones internacionales con énfasis en seguridad internacional, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Con experiencia en investigación en temas de seguridad nacional e internacional, crimen organizado y geografía.
https://orcid.org/0000-0001-9394-5473 -
Contacto: federico.pinzon@igac.gov.co
Juan Sebastián Chinchilla Zamora. Magíster en comercio exterior, Universidad Complutense de Madrid. Profesional en relaciones internacionales con énfasis en integración y desarrollo, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Con experiencia en el sector comercial y los negocios internacionales.
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