Estudios en Seguridad y Defensa 19(37), 7-29.

DOI: https://doi.org/10.25062/1900-8325.3007

Optimización de la defensa a través de la comunicación no verbal efectiva

Optimizing advocacy through effective nonverbal communication

Víctor Rodríguez GonzálezORCID logo

Universidad Isabel I, España

Reinaldo Batista CordovaORCID logo

Universidad Isabel I, España

Tania Vidal LópezORCID logo

Universidad Isabel I, España

CITACIÓN APA: Rodríguez González, V., Batista Cordova, R., & Vidal López, T. (2024). Optimización de la defensa a través de la comunicación no verbal efectiva. Estudios en Seguridad y Defensa, 19(37), 7-29. https://doi.org/10.25062/1900-8325.3007

Artículo de investigación científica

Recibido: 11 de abril 2024 • Aceptado: 12 dejunio 2024

Contacto: Víctor Rodríguez González victor.rodriguez.gonzalez@ui1.es


Resumen

Este artículo analiza la importancia del dominio de la comunicación no verbal en el proceso de formación militar, de cara al despliegue de las operaciones militares, en particular durante misiones de paz de la ONU. Identificar y utilizar parámetros no verbales puede proporcionar una ventaja estratégica en el terreno y facilitar el desarrollo de una misión. Por ello, se propone integrar una serie de aspectos comunicativos no verbales básicos en la formación académica militar, adaptada al entorno específico en el que se desarrollará la actividad militar, asegurando que los militares estén preparados para manejar eficazmente las interacciones no verbales en diversas situaciones culturales. Esto puede mejorar significativamente la capacidad de los militares para interactuar con la población local y manejar situaciones en el terreno. El dominio de la comunicación no verbal proporciona una ventaja táctica que facilita el desarrollo de la misión y contribuye al éxito general de las operaciones militares en entornos culturalmente diversos.

Palabras Clave: comunicación no verbal; despliegue militar; formación militar; mantenimiento de la paz


Abstract

This article discusses the importance of the mastery of nonverbal communication in the military training process, in view of the deployment of military operations, particularly during UN peacekeeping missions. Identifying and using nonverbal parameters can provide a strategic advantage in the field and facilitate the development of a mission. It is therefore proposed to integrate a number of basic nonverbal communicative aspects into military academic training, tailored to the specific environment in which the military activity will take place, ensuring that military personnel are prepared to effectively handle nonverbal interactions in various cultural situations. This can significantly improve the military’s ability to interact with the local population and handle situations in the field. Proficiency in nonverbal communication provides a tactical advantage that facilitates mission accomplishment and contributes to the overall success of military operations in culturally diverse environments.

Key words: military deployment; military training; nonverbal communication; peacekeeping operations


Introducción

Los entornos militares ejercen un férreo control sobre sus integrantes, así como sobre la formación que reciben para intervenir en situaciones críticas. Sin embargo, se les enseña en gran medida a actuar, pero a pocos a analizar o a saber cómo transmitir, especialmente en operaciones de apoyo logístico o de paz. El desarrollo de habilidades y competencias comunicativas es también de gran importancia en determinadas situaciones, particularmente en aquellas en las que es necesario establecer una comunicación eficaz, obtener información valiosa de la comunicación no verbal de otras personas y evitar generar una comunicación corporal o no verbal que pueda ser malinterpretada, especialmente por miembros de otros ejércitos.

Por ello, para impartir esta formación al personal militar que desarrollará cierto tipo de actuaciones o encuentros con otros profesionales, se debe saber transmitir correctamente el mensaje, tanto verbalmente como de forma corporal, lo que requiere habilidades comunicativas que constituyen otra competencia profesional que se suma a las requeridas para el puesto y resultan imprescindibles para alcanzar otras competencias necesarias. Heinemann y Gancho (1980) explican que la enseñanza es un proceso de comunicación en el que se debe ser un buen comunicador para ser un buen profesor. Al dominar estas habilidades comunicativas, se distingue entre quien “sabe” y quien “sabe enseñar” (Aguirre, 2005; Domingo et al., 2010; Heinemann & Gancho, 1980).

Según García (2011), “para ser un buen formador en este campo se debe conocer en que se fundamenta el aprendizaje”. Al respecto, son tres los campos a controlar: 1) cognitivo: área intelectual y mental; 2) psicomotor: cuerpo y destrezas, y 3) afectivo: actitudes e interiorización. Dentro del dominio de cada uno de estos campos, el aprendizaje se produce de una manera consecutiva y estructurada, de forma que si el profesor carece de alguno de ellos, repercutirá en sus alumnos de forma negativa, impidiendo que estos alcancen el mínimo necesario para su desarrollo profesional.

El propósito de este estudio es subrayar la necesidad de desarrollar habilidades y competencias comunicativas en el personal militar. Esto incluye tanto la comunicación verbal como la no verbal, que son esenciales para establecer comunicaciones eficaces, obtener información valiosa y evitar malentendidos en operaciones multinacionales y en interacciones con la población local.

A pesar de la importancia reconocida de la comunicación en la formación militar, existe una brecha significativa en la incorporación de habilidades comunicativas no verbales en el currículo. Esta falta de formación específica puede limitar la efectividad de las operaciones militares en entornos interculturales y complejos. Llevada al campo militar práctico, esta formación es de gran importancia, ya que, independientemente de la función encomendada al personal militar, siempre es necesario establecer una actitud y situación positiva y de aceptación.

Las posibilidades de que un grupo de insurgentes tenga éxito en su actividad dependen en parte del apoyo forzado (o voluntario) de la población (MDE, 2008), y este apoyo puede lograrse de manera óptima, rápida y efectiva si se hace un correcto uso de las técnicas comunicativas adecuadas. De poco sirve tener amplios conocimientos sobre tácticas y metodologías si no se saben transmitir correctamente al entorno. Por ello, en cualquier tipo de misión es necesario implementar una correcta estrategia comunicativa en todos los niveles (MDE, 2018).

Un punto crítico en cualquier tipo de operación militar es la toma de contacto con la población local, con el fin de evitar una posible alteración de las percepciones sobre la legalidad de las acciones (MDE, 2010). Es esencial implementar una estrategia comunicativa adecuada y potenciar aquellos elementos que favorezcan una conexión intercultural. Para ello, primero se debe realizar un análisis social del entorno, que permita comprender aspectos como la estructura y división social, costumbres, comportamientos, lenguaje, religión y actitudes no verbales (MDE, 2010).

Así, el desarrollo de cualquier acción se fundamenta en una comunicación efectiva, ya que, sin ella, no es posible obtener la información necesaria para integrar en nuestros ciclos de inteligencia. Definimos estos ciclos de inteligencia como las secuencias mediante las cuales se obtiene información, se transforma y se pone a disposición de los usuarios a través de las cuatro fases que los componen: dirección, obtención, elaboración y difusión (CNI, s.f.). En todas estas fases, es imprescindible aplicar tanto aspectos comunicativos verbales, no verbales, como culturales para asegurar que el planteamiento sea lo más adecuado posible.

En 2003, Duarte desarrolló el concepto de la comunicación como un acto que supone un encuentro de las fronteras perceptivas a través de la conciencia de las personas, en cuanto seres culturales. Según Bronstrup et al. (2007), la interacción entre seres humanos culturalmente situados y con objetivos culturales favorece el desarrollo de motivos y percepciones compartidos, creando entendimientos comunes donde el lenguaje promueve el diálogo. El lenguaje, por lo tanto, puede definirse en este contexto como la información compartida entre un emisor y un receptor a través de diferentes canales cognitivos, que es emitida, percibida e interpretada con base en parámetros establecidos, códigos y expresiones universales, o una serie de rasgos culturales propios.

La implementación de esta formación en comunicación no verbal mejorará significativamente la capacidad de los militares para interactuar con la población local y otros ejércitos, proporcionando una ventaja táctica y operacional. La capacidad de transmitir correctamente el mensaje y de interpretar las señales no verbales de otros actores es fundamental para el éxito de las misiones.

Es esencial desarrollar una concienciación cultural adecuada para mejorar la competencia comunicativa. Autores como Bermúdez y González (2011) la definen como un compendio de saberes, capacidades y habilidades que intervienen en la producción de la convivencia y las relaciones interpersonales. En el presente artículo, consideramos que la competencia comunicativa es la capacidad que permite abordar diferentes situaciones comunicativas basadas en relaciones interpersonales, tanto en el ámbito civil como en el militar.

Marco teórico. Despliegue militar y sus desafíos

Al planear un despliegue, un objetivo fundamental es determinar la duración de la misión. El tiempo de la operación debe ser el que permita un rendimiento óptimo de todos los recursos empleados, tanto humanos como materiales, logrando llevar a cabo la misión encomendada de manera efectiva. Un factor clave a considerar al estimar este tiempo es la evolución de la salud mental del personal militar desplegado en zonas de conflicto (Greenberg, 2006), así como otras variables económicas, físicas, entre otras (Williams, 2017; Di Salvatore & Ruggeri, 2017). Un mayor tiempo de despliegue está relacionado con una mayor probabilidad de desarrollar sintomatología clínica y la aparición de otros problemas.

En el caso de España, el tiempo de misión de un militar es muy variable, pudiendo oscilar entre los dos y seis meses, dependiendo de su cuerpo y especialidad, así como de la duración de las diferentes misiones en las que España participa. Ha habido casos en los que el contingente permaneció en zona de operaciones durante aproximadamente seis meses de forma continuada; las agrupaciones desplegadas por más de cinco meses disponían de un permiso de quince días en territorio nacional alrededor de la mitad de la misión (Rodríguez & Arce, 2016).

El momento de organización del despliegue del contingente militar es crítico en el proceso estratégico y táctico de las misiones. Entre las variables se encuentra la necesidad de definir el número de combatientes, sus capacidades y competencias específicas, así como el tiempo previsto de permanencia en el destino. Hay estudios representativos que demuestran la relación directa entre la duración del despliegue y la calidad del servicio prestado (Rodríguez & Arce, 2016; Kokun et al., 2022). Por lo tanto, los oficiales deben estar atentos a la curva generada entre el inicio de la misión y los condicionantes responsables de ocasionar la disminución de la efectividad y el incremento de riesgos para la misión.

Aunque las fuerzas armadas actuales suelen ser profesionales y contar con un amplio espectro de formación, es indispensable considerar las dinámicas contemporáneas. Tanto en un conflicto entre fuerzas militares convencionales como en misiones de paz, el nivel de tensión generado puede provocar un aprendizaje insuficiente, lo que incrementa la probabilidad de que la ejecución de las acciones planeadas no se realice de manera óptima (Correa et al., 2021; Edquen, 2020).

Así, es esencial saber equilibrar las variables, de modo que promuevan el mejor desempeño de las actividades. Podemos considerar que la adecuada ejecución de la interacción y comunicación del contingente con sus aliados y con la comunidad autóctona no puede mantenerse siempre en niveles excelentes si las condiciones medioambientales y contextuales no son favorables.

Derivado de esa situación, sería deseable que el contingente estuviese preparado para manejar la comunicación en el lugar y hacia el exterior, como sugieren Bermúdez y González (2011). Es decir, para reducir la probabilidad de tensión, es fundamental crear protocolos que ayuden a los militares a establecer comunicación con las personas en el territorio, así como a transmitir datos que puedan ser accesibles desde otras regiones y áreas, como el país de origen del contingente.

Propedéutica de los despliegues militares

El día a día de un despliegue militar puede desencadenar muchas incertidumbres, pues las misiones no son todas iguales, así que el contingente debe estar preparado para enfrentar los escenarios más diversos. La historia reciente demuestra que los despliegues militares en misiones de mantenimiento de la paz han tenido un papel significativo, tanto en el resultado final de la misión como en el proceso de perfeccionamiento del personal (Bove et al., 2022), a pesar de lo expuesto por Virginia Fortna (2004), quien cuestiona los bajos resultados de ese tipo de misiones. De todos modos, estas experiencias contribuyen a formar un cuerpo militar mejor preparado para enfrentar eventuales crisis.

Es importante definir las acciones desarrolladas por las fuerzas armadas como una forma de entender el escenario y el papel de la comunicación en la ejecución de su misión. Así, la participación de contingentes militares en el mantenimiento de la paz se da en territorios que han pasado por conflictos, pero que se encuentran en una situación de estabilización (Di Salvatore & Ruggeri, 2017). Allí, la función de los militares es asegurar un escenario seguro que garantice a la población, al gobierno y a las demás instituciones las condiciones para su existencia.

Bajo esta tipología de misiones, es relativamente frecuente el empleo del poder militar como mecanismo de garantía del orden social, político y económico (Bove et al., 2022). En otras palabras, el uso de la fuerza está legitimado, pero siempre en un segundo plano, ya que la prioridad es la reconstrucción de infraestructuras en cooperación con la población local y la comunidad internacional, representada por agencias y organismos internacionales, como algunas agencias de las Naciones Unidas. Ejemplos de esta tipología son los despliegues llevados a cabo en Bosnia, Kosovo, Haití o Mali.

Otra forma de misión militar es la imposición de la paz, que se da cuando el conflicto sigue activo y demanda del contingente un uso más contundente de la fuerza. En este caso, la prioridad es superar a las fuerzas contrincantes, imponiéndose sobre los enemigos para asegurar un espacio físico predeterminado, hasta acabar con las hostilidades en esa área definida. En este tipo de situación, las fuerzas armadas internacionales están directamente involucradas en la confrontación, siendo muchas veces identificadas como invasoras y convirtiéndose en objetivo de ataques y atentados. El ejemplo más reciente de esta categoría de misión fue Afganistán, sin olvidar la guerra de Irak.

Despliegues militares para el mantenimiento de la paz

Las Naciones Unidas mantienen un programa denominado Sistema de Disponibilidad de Capacidades de Mantenimiento de la Paz. Según lo expuesto en uno de sus manuales, la intención de este sistema es crear una base de datos con la indicación de los recursos que cada Estado Miembro puede ofrecer para las misiones de paz promovidas por la ONU (Williams, 2017). El objetivo del sistema es facilitar la planificación y el despliegue de tropas a las zonas establecidas por la Secretaría General, en conformidad con las decisiones adoptadas por el Consejo de Seguridad y en cooperación con otros departamentos de la institución.

Se espera que los Estados Miembros presenten sus disponibilidades y, en caso de ser requeridas, pongan a disposición de la ONU los recursos prometidos. Existe un cronograma que conduce al momento de ordenar el despliegue de las tropas, establecido en niveles de 1 a 4: primero, la inserción de los datos; segundo, la correspondiente verificación de la información, y tercero, la conformidad de los recursos; el cuarto nivel es la emisión de la orden de despliegue (ONU, 2017). Éste último nivel puede darse de distintas formas, dependiendo de las necesidades coyunturales, como el Despliegue Rápido o la Brigada de Vanguardia.

Dada la circunstancia de que el nivel 4 sea accionado, se espera que los recursos estén listos dentro de un plazo máximo de 60 días. La coordinación en este nivel es esencial para el éxito de la misión. Es importante destacar que la orden de despliegue puede darse tanto para una nueva misión como para una misión existente.

Para ello, es imperativo que la comunicación funcione de manera óptima. Si toda la información facilitada a la ONU es correcta y las visitas de evaluación y asesoramiento confirman la disponibilidad de recursos materiales y técnicos, se puede accionar la orden de despliegue. Cada Estado miembro, a través de sus organismos estatales, deberá mantener activa la promesa durante un periodo de un año, siendo solicitada una nueva aplicación tras ese periodo.

La ejecución de la misión comienza con el despliegue, pero antes es necesario cumplir una serie de requisitos establecidos por las normativas de la ONU, entre ellas el compromiso del Estado Miembro de que la unidad podrá desplegarse totalmente equipada, con la capacitación impartida y las certificaciones firmadas en un plazo de 60 días a partir de la solicitud del Departamento de Operaciones de Paz (DOP) (ONU, 2017).

Es necesario que las autoridades estatales certifiquen que el contingente desplegado ha recibido la capacitación indispensable para la ejecución de la misión. La ONU ofrece algunos materiales básicos para la impartición de las formaciones requeridas. De manera general, es imprescindible que toda persona desplegada a una zona de conflicto conozca y esté preparada para adoptar los principios, directrices y políticas enunciadas por los órganos responsables del mantenimiento de la paz (ONU, 2017).

Recibir el mandato de participación en una misión de paz es un desafío tanto para el Estado Mayor como para la jefatura del Estado y del Gobierno de la nación. Representa un reto en términos de gestión, logística y formación de los agentes militares y de la comunidad civil. Su éxito depende de innumerables variables, muchas de las cuales se ponen en marcha mucho antes de la invitación oficial de la Secretaría General (Fortna, 2004). Pero también ofrece una oportunidad para la geopolítica del país que acepta el mandato. Es importante para el entrenamiento de las tropas, los oficiales y los actores políticos. Representa un escaparate para el Estado, y aunque llevar el casco azul implica una subordinación al ente supranacional, no conlleva negar el matiz nacional.

Además, participar en una misión de paz solicitada por la ONU es ser reconocido por la comunidad internacional como un actor representativo, como señala Paul D. Williams (2017). Evidentemente, toda misión implica un contexto de riesgos y amenazas, pero precisamente por ello es una oportunidad para aplicar los aprendizajes adquiridos durante los años de formación en las academias de las Fuerzas Armadas, así como los ofrecidos bajo el paraguas del DOP de la ONU. La experiencia adquirida por el contingente desplegado añade valor a otras dimensiones de las fuerzas militares del país.

La capacitación ofrecida a las tropas previstas para el despliegue se enfoca principalmente en comprender la ONU, el mantenimiento de la paz, los integrantes de una misión y las atribuciones de los actores desplegados. Se trata de una formación amplia y general, pero que abarca los aspectos más elementales a los que se enfrentarán las fuerzas de mantenimiento de la paz (Di Salvatore & Ruggeri, 2017). En todo este proceso, se destaca la importancia de que los integrantes de la misión sean competentes en la dimensión técnica, sin perder de vista los valores que legitiman el proyecto. Así, un militar desplegado en una zona de conflicto representa más que su individualidad; lleva consigo una infinidad de identidades e instituciones: su país, su nación, su bandera, la comunidad internacional, la ONU.

Por otro lado, los riesgos derivados de una formación insuficiente son enormes: entre ellos una posible prolongación de la misión, sustitución de personal, gastos por una posible repatriación, insubordinación, interrupción del permiso del país receptor, hasta daños a la imagen de la ONU y del país de origen del contingente (Jennings & Nikolic-Ristanovic, 2009). Por ello, se solicita a los Estados Miembros que garanticen una preparación adecuada, para que la presencia de los militares en las misiones de mantenimiento de la paz sea efectiva y genere frutos inmediatos y duraderos (Fortna, 2004).

Es con esta preocupación en mente que, desde 2016, la ONU determina que los Estados Miembros enfoquen su formación en la disciplina, la prevención de la explotación y los abusos sexuales, así como en la dimensión de los derechos humanos (Bove et al., 2022). Cada Estado es responsable de certificar que todo el personal se encuentra apto para la misión, técnica, sanitaria, cognitiva, legal y moralmente. Así, se prohíbe desplegar a personas que incumplan los principios enunciados.

La ONU proporciona tanto los subsidios técnicos para la formación previa al despliegue como instrucciones inmediatas al desembarcar en la zona de la misión. Estas acciones son de cumplimiento obligatorio para todo el personal desplegado. Como se mencionó, la importancia de las misiones es demasiado alta como para dejar cabos sueltos o puntos ciegos en el proceso. Aparte de los problemas más graves y mediáticos, como los escándalos revelados en el siglo XXI cuando diversos abusos sexuales fueron cometidos por cascos azules en África (Karim & Beardsley, 2016) o los eventos investigados por Jennings y Nikolic-Ristanovic (2009) sobre abusos por soldados al servicio de la ONU en Bosnia, Kosovo y Haití, también es fundamental considerar situaciones como las ofensas verbales, la xenofobia o el acoso.

Todo Estado Miembro que recibe la invitación para participar en una misión de paz de la ONU lleva consigo su nombre y sus valores, pero el principal signo de identificación de los cuerpos de seguridad será el de la ONU, como parte imprescindible de la comunicación de las tropas con la comunidad local. Los cascos azules se transforman en el símbolo visible de la misión, ejerciendo el rol de mediadores (Imai & Yamamoto, 2013; VanderWeele & Vansteelandt, 2014). El éxito o el fracaso de la misión depende de las tropas desplegadas, pero el nombre y el prestigio son aportados por la ONU. Este es un aspecto fundamental del diálogo no verbal entre los militares y la comunidad que demanda soporte para el mantenimiento de la paz.

Esto se debe a que toda misión de mantenimiento de la paz comienza con una resolución de la Asamblea General, con participación directa del Consejo de Seguridad y la Secretaría General. Por ende, toda misión cuenta con la aprobación de los Estados Miembros, pues requiere el voto favorable de al menos 9 de los 15 miembros constituyentes del organismo.

Estas misiones operan bajo algunos principios clave: el consentimiento, la imparcialidad y el uso de la fuerza solo para la autodefensa (Fortna, 2004). El consentimiento del país receptor es indispensable y debe negociarse previamente entre las autoridades nacionales y la ONU. Según Boutros-Ghali (1992), la negociación es crucial, y la ONU posee la experiencia necesaria para llevarla a cabo. Sin embargo, como se menciona en la literatura, puede darse el caso de que exista un consentimiento formal para el despliegue de la misión de mantenimiento de la paz, pero en la práctica se evidencie la ausencia de un consentimiento real. En tal caso, la ONU puede decidir unilateralmente el fin de la misión debido a la imposibilidad de ejecutar el plan o por el riesgo a la seguridad del personal.

Ante esta posibilidad, todo el personal debe estar alerta a los indicios para evaluar el nivel real de consentimiento del país de destino. El sector de la ONU responsable de la formación del personal indica de manera clara en la lección 1.3 de su manual los medios para recopilar información que garantice, en primer lugar, la seguridad del personal y el cumplimiento de la misión asignada. Para una correcta lectura del escenario y del contexto, se recomienda comprender “la historia, las costumbres y la cultura de la zona de la misión. Cuando el personal de mantenimiento de la paz sabe dónde tendrá lugar su despliegue, se le alienta a familiarizarse con el país receptor, sus comunidades y sus costumbres” (ONU, 2017).

Es revelador que, a partir del momento en que los militares desplegados comprenden el contexto histórico y cultural de la zona, comienzan a entender mejor el entorno en el que operan. Esto les permite realizar análisis basados en datos e informaciones contrastadas, en lugar de basarse solo en opiniones. Así es más probable construir una relación respetuosa.

La literatura respalda sólidamente la afirmación de que, cuando se conoce al otro, la comunicación se vuelve más fluida, incluso si no es estrictamente verbal (Aguirre, 2005; Bermúdez & González, 2011). Es claro que en una misión preparada en menos de 60 días no se puede esperar un conocimiento profundo de la idiosincrasia de la zona. Sin embargo, la intención también cuenta, y los mecanismos creados por el DOP facilitan la elaboración de protocolos que pueden favorecer el proceso de interacción entre los militares desplegados y la comunidad local.

Se puede leer en el mismo documento de formación: “El personal de mantenimiento de la paz que trabaja directamente con los miembros de las poblaciones locales tiene que fomentar el respeto y la confianza mutuos, lo que contribuirá a una paz sostenible” (ONU, 2017). Actuar en contra de estas directrices no solo pone en riesgo la misión, sino que también amenaza a la propia ONU y mancha el nombre de las Fuerzas Armadas y del país de origen del contingente, sin contar con el daño inmensurable ocasionado a la población autóctona.

Por lo tanto, aunque los militares desplegados no son jueces, necesitan evaluar con rigor el escenario y a los actores involucrados. Actuar con imparcialidad, según el entendimiento de la ONU, implica ser proactivo, sin inclinarse por ninguna de las partes en conflicto. Su principal reto es asegurar la ejecución del armisticio o del tratado de paz establecido por los involucrados, lo que requiere la habilidad de interpretar asertivamente los hechos. No se trata de apaciguar la situación, sino de garantizar el cumplimiento de lo acordado y de la legislación internacional que rige la presencia del contingente militar en el país de destino de la misión.

Metodología

Se llevó a cabo una revisión sistemática cuantitativa de toda la literatura disponible, basada en las pautas PRISMA (Moher et al., 2009; Pickering & Byrne, 2014), con el fin de identificar artículos científicos sobre la influencia de las emociones en los procesos declarativos. Se utilizaron las bases de datos en línea Scopus, Dialnet y la Mediateca Universitaria de la Universidad Miguel Hernández, así como la de la Universidad Isabel I, debido a que ofrecen una amplia gama de trabajos y facilitan la aplicación de filtros, lo cual permitió encontrar todos los artículos necesarios.

Se procedió a realizar una selección minuciosa de las palabras clave a utilizar en la búsqueda, asegurando que fueran lo más representativas posible para el estudio. Inicialmente, se consideraron muchas palabras clave, entre las que destacan: comunicación no verbal, incoherencia verbo-corporal, discurso... Finalmente, los términos seleccionados fueron “militar”, “defensa” y “comunicación no verbal”.

Se introdujeron los términos en inglés para obtener mejores resultados, que posteriormente se acotaron en función del idioma. Además, al realizar la búsqueda de los términos en cualquier parte del documento, se obtuvieron 1313 artículos, estimando que muchos de ellos no tendrían una relación adecuada con el objetivo de este proceso. Por ello, la primera limitación que se estableció fue que las palabras clave estuvieran presentes en las palabras clave, el resumen o el título, lo que permitió reducir el número de resultados a 173.

Posteriormente, se aplicó una limitación adicional para incluir solo aquellos artículos de texto completo, revisados por pares y publicados en revistas científicas en inglés o español en los últimos cinco años, en acceso abierto. De esta manera, se obtuvo una muestra de los artículos más recientes con el mayor rigor científico. Los resultados se filtraron según el tipo de contribución, centrándose únicamente en artículos científicos y descartando otros posibles resultados como capítulos de libros, reseñas de congresos o similares. Para ello, se llevó a cabo una estructuración en seis pasos que ayudó a determinar qué artículos debían ser tenidos en cuenta. Tras el análisis de los resúmenes y la lectura de los textos completos, el número total final aceptado fue de ocho artículos.

Tras dicha revisión, cabe destacar que en la gran mayoría de los entornos comunicativos, las comunicaciones se producen por múltiples vías, tanto verbales como no verbales, siendo esta última capaz de representar hasta el 90 % del impacto de la comunicación global (Roldán et al., 2013; Thief, 2005; Ortiz, 2014). Toda comunicación utiliza una serie de canales cognitivos, como el visual, gustativo, olfativo, táctil y auditivo, y aunque todos estos canales aportan información, su valor puede variar, diferenciándose en elementos verbales y no verbales.

Por ello, es fundamental tener un control de las competencias comunicativas verbales (y, por extensión, de las no verbales), ya que en gran parte de las misiones militares se exige un alto nivel de conocimiento en ambos campos. Es importante entender que todo el contenido lingüístico está supeditado al contenido no verbal, y ambos mantienen una relación mutua necesaria; sin esta interdependencia, ninguno de los dos podría llevar a cabo de manera efectiva su labor comunicativa.

En todos los entornos de actuación militar, además de respetar las creencias, costumbres y elementos culturales, es crucial tener un profundo conocimiento comunicativo del entorno. Aquí es donde la comunicación no verbal cobra una importancia especial, ya que el conocimiento comunicativo verbal puede ser limitado debido al poco tiempo de preparación del despliegue o al hecho de que el despliegue se realice en una zona con un dialecto muy local y poco utilizado.

La comunicación no verbal tiene una mayor fuerza y representación en las relaciones personales en este entorno, ya que puede ser crucial para otorgar el significado adecuado a una expresión. Por el contrario, un mal uso de esta puede llevar a que las relaciones alcancen un extremo no deseado debido a una interpretación incorrecta de la conjunción del binomio verbal - no verbal. El conocimiento y correcto uso de la comunicación no verbal es importante para 1) evitar percepciones incorrectas o insultantes; 2) interpretar correctamente las comunicaciones locales; 3) asegurar la correcta interpretación de los componentes militares; 4) interpretar las pretensiones de posibles insurgentes; 5) facilitar posibles negociaciones de cualquier tipo.

Aunque la comunicación no verbal no proporcionará toda la información que podamos necesitar, sí nos ayudará a realizar una correcta interpretación de las pretensiones o actitudes de nuestro contrincante, lo que podría otorgarnos una ventaja muy valiosa.

Operaciones internacionales y comunicación no verbal

Conseguir una correcta interpretación de la comunicación no verbal recibida requiere primero saber reconocer y clasificar correctamente aquellos aspectos comunicativos a los que estamos siendo expuestos. Para ello, es necesario un conocimiento sólido de los aspectos más básicos que, en diferentes combinaciones, pueden dar lugar a interpretaciones tanto adecuadas como confusas. En la base de esta pirámide se encuentran los rasgos más comunes que se deben identificar, como las ilustraciones, los adaptadores,

las posturas, los emblemas, las microexpresiones faciales y los reguladores. El conjunto de estos rasgos nos lleva al siguiente nivel, en el que encontramos el comportamiento kinésico, la proxémica, las características físicas de cada persona, los artefactos utilizados, la háptica o el paralenguaje. La conjunción de estos campos en diferentes combinaciones nos conduce a los canales mencionados anteriormente: visual, auditivo, táctil, olfativo y gustativo (Huang & Janczura, 2008; Vrij et al., 2021).

Existe otro campo a considerar: la programación neurolingüística (PNL), iniciada por Bandler y Grinder, quienes concluyeron que cada persona tiene una representación interna subjetiva de la realidad, conformada por la capacidad de atender a un total de siete estímulos (con una variación personal de ±2) de forma simultánea. Gracias a esto, podemos distinguir hasta tres tipos diferentes de personas: las predominantemente auditivas, las visuales y, por último, las kinestésicas. Estas últimas pueden ser las personas más completas, ya que, según Gardner (1983), centran sus sentidos y experiencias en el olfato, el tacto, el gusto y las vivencias.

En los estudios de Wiener (1966), se destaca que el olfato humano percibe muchos más olores de los que tenemos conciencia, definiendo olores como mensajes químicos externos. Estos olores aportan a la persona mucha información sobre el lugar en el que se encuentra, sobre los alimentos o incluso sobre el agua que consume, llegando a ser posible una identificación a través de estos mensajes químicos durante un proceso de despliegue militar.

El sentido del gusto es fundamental para el desarrollo humano, ya que, desde hace miles de años, nos permite percibir y conocer aquellas sustancias o materiales que vamos a ingerir y, por ende, sus posibles beneficios o perjuicios. Según Fuentes (2010), la sensibilidad gustativa es básica para informarnos sobre el sabor de los alimentos y sustancias que llegan a nuestra boca, activando los reflejos más básicos para iniciar el proceso de digestión o, por el contrario, evitar que entren en el organismo. Aunque la aplicación del gusto en el ámbito militar puede no ser la más importante, puede proporcionar información valiosa sobre el entorno cultural en el que nos encontramos desplegados. Seremos capaces de determinar el origen o la ubicación basándonos en los sabores, y, lo que es más importante, evaluar si estos son aptos para el consumo.

En cuanto a la comunicación táctil, destaca la háptica, que según Pandolfini (2014) es la combinación de toda la información recibida sobre la posición de la mano (propio-cepción) y la percepción táctil del material que se sostiene. Aquellas sensaciones que no se pueden catalogar como visuales o auditivas formarían parte del conjunto táctil, que, aunque se considere una actitud pasiva, aporta grandes cantidades de información. Gibson (1979) define la percepción háptica como la que el individuo tiene respecto al mundo adyacente a su cuerpo, utilizando su propio cuerpo.

Todas las formas de obtener información, tanto del entorno como de las personas, serán de vital importancia en una posible situación extrema durante un despliegue militar. Los elementos que percibimos y adquirimos durante una comunicación no verbal pueden servirnos posteriormente para determinar una ubicación o identificar a las personas presentes. Para analizar estos aspectos de manera adecuada, es necesario estudiar sus diferentes componentes de forma individualizada.

Artefactos

Antes de comenzar cualquier tipo de comunicación oral, recibimos mucha información a través de la vía visual, que nos proporciona y respalda un primer análisis básico de nuestro interlocutor. Los artefactos, que incluyen elementos adicionales al cuerpo como la ropa, el peinado, los tatuajes, los pendientes y otros complementos, son fuentes importantes de esta información. En los despliegues militares, la capacidad de reconocer y analizar estos artefactos, como un uniforme, puede ser de vital importancia para la seguridad y el éxito de la misión.

Características antropológicas

El conjunto de atributos físicos y corporales de cada persona, percibidos por los demás, juega un papel significativo en la construcción de la identidad personal, el desarrollo de la personalidad y cualquier relación social posible (Lozano, 2019). En cualquier proceso comunicativo, la apariencia física es el primer punto de contacto con otras personas, y a partir de ese momento, se establece nuestrojuicio sobre su imagen. Además, la apariencia ayuda a determinar el tipo de relación que tendremos con los demás, ya que influye en la formación de las dimensiones de apariencia y, por extensión, en una aproximación a la personalidad. Según Aguado (2004), la apariencia física es un concepto que se ha utilizado para referirse a la estructura psíquica que incluye la representación, tanto consciente como inconsciente, de nosotros mismos en la esfera social.

Esta apariencia exterior puede ser considerada como un elemento principal de la comunicación no verbal sobre el que se apoyan otros aspectos. En operaciones de índole militar, la apariencia física puede proporcionar información crucial, como indicios de alerta ante personas con ciertas características que puedan ser percibidas como amenazadoras o rivales, lo que genera un estado de alerta y un posible patrón de actuación determinado. Todo el comportamiento militar se verá condicionado por la percepción y juicio que los intervinientes hagan de la apariencia física, ya que constantemente juzgamos a las personas, y con el apoyo de la psico-morfología, “leemos” sus rostros gracias a la estructura facial y las microexpresiones (Ekman, 1969).

Comportamiento kinésico

Según Knapp (1992), la kinésica comprende los gestos, movimientos corporales, expresiones faciales, movimientos oculares y posturales. Es un universo de gestos que se encuentran en la intersección entre el comportamiento y la comunicación (Eco & Volli, 1970). Este campo incluye la orientación del cuerpo en una conversación, los movimientos posturales, las gesticulaciones, las microexpresiones (incluyendo los ojos y las cejas) y la orientación corporal. Uno de los estudios más completos y relevantes en este ámbito es el de Ekman (1969), en el que analiza las categorías que se exponen a continuación.

Ilustradores

Son movimientos que enfatizan y complementan lo que se dice de manera verbal, sin excluir posibles expresiones orales. Se utilizan de forma intencional para colaborar en la comunicación, destacando una palabra, una frase o señalando objetos, relaciones espaciales, marcando ritmos o representaciones corporales. Estos gestos son más comunes en personas que tienden a ser enfáticas, especialmente en situaciones donde no se encuentran las palabras adecuadas para expresar lo necesario. Sin embargo, las ilustraciones pueden dar lugar a confusiones dependiendo de la percepción cultural y social del entorno, ya que un mismo gesto puede tener significados diferentes según el país o la cultura en la que se utilice.

Emblemas

Los emblemas son gestos que representan palabras con una definición en el diccionario, por lo que no suelen requerir apoyo verbal. Estos gestos se codifican dentro de una cultura y entorno social específicos, lo que los hace comprensibles para todos sus miembros. Según diferentes puntos de vista, como el de Fernández-Dols (1994), estos emblemas deberían ser entendidos como comportamientos dentro de la esfera verbal. Sin embargo, para Ekman (1969), los emblemas son fundamentalmente una conducta no verbal, ya que se utilizan de forma consciente en contextos donde la comunicación oral puede ser compleja.

Actitud postural

La actitud postural es un añadido a la clasificación de Ekman sobre el comportamiento kinésico. Se trata de gestos derivados de las diferentes posiciones del cuerpo, que se dividen principalmente en tres posturas: de pie, sentado y tumbado. Cada persona tiene una forma específica de representar cada una de estas posiciones, lo que permite su reconocimiento a distancia. Esto puede ser de gran utilidad en las fases de observación militar para el reconocimiento potencial de objetivos. Además, estas posturas pueden ofrecer pistas sobre la posible personalidad o carácter de las personas.

Es de gran importancia que ciertos miembros de inteligencia sepan identificar los rasgos más típicos de un posible objetivo, especialmente en situaciones donde el individuo haya intentado modificar su aspecto físico o vestimenta debido al entorno en el que debe ser identificado. Estas actitudes posturales son más difíciles de alterar, lo que puede facilitar una identificación positiva.

Expresiones faciales

Las expresiones faciales se refieren a lo que comunicamos directamente con el rostro, donde se concentra la mayor parte de nuestro poder expresivo corporal. Existe un vasto conocimiento que demuestra que la cara es la principal vía comunicativa para mostrar emociones de todo tipo, ya que es la parte del cuerpo típicamente más visible en casi todas las culturas. En cualquier tipo de comunicación interpersonal, generalmente estamos a una distancia lo suficientemente corta de nuestro interlocutor como para identificar correctamente las emociones que este pueda expresar.

En situaciones donde se busca un entendimiento militar entre responsables de una operación o durante una mediación, la expresión facial es un factor crucial a considerar. Por ejemplo, si nuestro interlocutor muestra una expresión de enfado, es menos probable que se llegue a un entendimiento. En este contexto, también es esencial tener en cuenta las diferencias culturales y la estructuración social, ya que ciertas manifestaciones o actitudes pueden ser malinterpretadas y generar conflictos no deseados.

El mayor estudioso de las expresiones faciales es Ekman (1970) con sus investigaciones sobre las seis emociones básicas y la universalidad de estas. Este estudio se complementa con los de Darwin (1998), Matsumoto y Willingham (2009) y Galati et al. (2003), quienes analizaron las expresiones faciales de niños ciegos de entre 8 y 11 años, llegando a identificar hasta nueve expresiones innatas.

Aunque las expresiones faciales son emociones predeterminadas biológicamente, existen diferencias culturales en la forma de manifestarlas (Caballo, 1993), ya que están condicionadas por el entorno cultural en el que la persona se haya desarrollado.

Reguladores

Los reguladores son los encargados de mantener y sincronizar una conversación entre varias personas, permitiendo que cada uno intervenga en el momento adecuado. Se utilizan para otorgar el turno de palabra, indicar que el interlocutor puede proseguir con su discurso, pedir que repita alguna parte o que ofrezca más detalles. Los movimientos de cabeza, la orientación del cuerpo y las gesticulaciones oculares suelen ser los reguladores más comunes y fácilmente identificables. Por otro lado, son más difíciles de evitar, ya que suelen estar profundamente arraigados en una sociedad y no pasan desapercibidos cuando son utilizados por personas ajenas a ese contexto.

Adaptadores

Se suele pensar que estos comportamientos se desarrollan durante la infancia como un esfuerzo para adaptarse a nuestras necesidades más básicas o incluso para dominar nuestras emociones. Su representación más típica serían las muletillas en el lenguaje verbal, es decir, fragmentos repetitivos que pasan desapercibidos para la mayoría, excepto para quien los utiliza.

Según Ekman (1969), estos comportamientos pueden clasificarse en 1) autoadapta-dores: manipulaciones del propio cuerpo; 2) heteroadaptadores de objetos: manipulación constante e inconsciente de objetos como bolígrafos o gafas, y 3) heteroadaptadores del propio sujeto: manipulación continuada enfocada hacia otra persona, que puede incluir contacto físico en varias ocasiones. Es recomendable evitar el uso o abuso de estos gestos, ya que, debido a su representación inconsciente, pueden ser fácilmente malinter-pretados y provocar algún tipo de conflicto.

Proxémica

Desarrollado por Hall (1997), el concepto de proxémica se refiere a cómo percibimos y utilizamos el espacio en función de la cultura en la que nos desarrollamos y cómo lo aplicamos en nuestras diferentes relaciones. Durante un despliegue militar, es fundamental conocer a la perfección la proxémica cultural del entorno en el que operamos para interactuar correctamente con los individuos locales.

Paralenguaje

El paralenguaje está conformado por las cualidades y modificadores fónicos, los sonidos fisiológicos y emocionales, así como los elementos cuasiléxicos y los silencios. Para que esta comunicación sea efectiva, es necesario identificar ciertos aspectos comunes, como el timbre de la voz, el tono, la intensidad y la duración, siendo estas cualidades del sonido las que añaden peculiaridades a la información transmitida (Blanco, 2007). Diferentes formas de comunicación e idiomas incluyen el paralenguaje como un componente adicional, y en despliegues militares puede resultar decisivo saber interceptar e interpretar correctamente el mensaje completo. Esto puede proporcionar información crucial sobre el estado de ánimo, el dialecto que se ha interceptado o incluso la revelación de los siguientes pasos a seguir por parte del enemigo.

Formación en el ámbito militar

Para llegar a los centros de formación militar, es necesario superar previamente una serie de formaciones y centros de formación general, donde se detectan y subsanan las deficiencias formativas previas. El hecho de formar parte de las fuerzas armadas y tener funciones muy específicas no permite que exista una formación básica deficiente en sus miembros, especialmente en aquellos destinados a formar parte de los equipos de mando.

Los centros militares de formación, además de ofrecer una formación estratégica y específica, deben asegurar que se cubran las posibles deficiencias detectadas entre sus miembros, complementando así cualquier trayectoria formativa o profesional que prosiga. Cualquier sistema educativo básico es determinante en la toma de decisiones dentro de las fuerzas armadas, ya que, según Clark (1974), el sistema militar es una gran empresa educativa: su competencia dependerá de su capacidad para formar técnicamente a los miembros de las escuelas militares, creando así un cuerpo de oficiales en el que el empresario y el tecnólogo ocupen lugares paralelos en cuestiones estratégicas.

La carrera militar depende cada vez más del buen funcionamiento de las escuelas donde se preparan los oficiales para ocupar puestos que exigen cualidades muy especiales y amplios conocimientos. Las naciones jóvenes ven en el Ejército un excelente instrumento de educación. En Israel, por ejemplo, el Ejército desempeña un papel crucial junto a las escuelas en la culturización de los inmigrantes; los jóvenes aprenden allí hebreo, la historia y la geografía de su pueblo, la moderna disciplina del trabajo en equipo y nuevos métodos de trabajo. En la mayoría de las naciones en proceso de modernización, los oficiales del Ejército se destacan como algunas de las personas con mejor formación, sobresaliendo especialmente en funciones técnicas y administrativas.

Resultados

Para abordar el primer objetivo de esta revisión sobre la caracterización y localización de estudios en entornos militares, los hallazgos indican una amplia procedencia geográfica de las investigaciones, pues provienen de diversas regiones, como India, Australia, Irlanda, Austria, Corea del Sur, España, Estados Unidos, Suiza, Francia, Reino Unido, Canadá, Países Bajos, Bélgica y China. Esta distribución heterogénea sugiere que la relación entre emociones y justicia penal es un campo de estudio relevante a nivel global, atrayendo a investigadores de diversas regiones con políticas judiciales dispares.

En cuanto a la metodología utilizada en estos estudios, se observa una preferencia clara por la investigación transversal, que representa el 100 % de los estudios revisados. En términos de enfoque, el 54,4 % de los estudios adoptan un carácter cuantitativo, el 38,4 % son cualitativos, y solo el 7,2 % emplea un enfoque mixto. Además, el 54,4 % de los estudios no son experimentales, mientras que el 45,6 % son experimentales.

El 69,2 % de los estudios presenta resultados descriptivos completos, mientras que el 30,8 % ofrece resultados inferenciales. La gran mayoría de los estudios (84,6 %) subraya la importancia de la relación entre emociones y justicia penal. Aunque no todos los estudios analizan las mismas emociones ni lo hacen de la misma manera, coinciden en la relevancia de las emociones en la toma de decisiones judiciales y su influencia en el proceso.

Algunos estudios analizan emociones básicas de manera referencial, solicitando a los voluntarios que describan sus emociones durante procesos declarativos (Staller et al., 2019). Aproximadamente el 23,1 % de investigaciones se realizó con personal de fuerzas y cuerpos de seguridad. Otros estudios cuantifican emociones mediante cuestionarios o tecnologías como la neuroimagen funcional (Anderson et al., 2017) o herramientas como E-Stroop y Dot Probe (Staller et al., 2019). El resto de las investigaciones se llevó a cabo con voluntarios civiles, que representan más del 82 % de la muestra. Esto demuestra que la relación entre emociones y justicia tiene validez tanto en el personal de seguridad como en la población civil.

Demostrar la influencia de las emociones en los procesos comunicativos es de gran importancia, ya que podría mejorar los procesos previos a las decisiones judiciales, eliminando sesgos emocionales y asegurando la autenticidad de las comunicaciones. En el contexto militar, la correcta formación en habilidades comunicativas, especialmente en comunicación no verbal, es esencial para evitar malentendidos y mejorar la efectividad operativa. La implementación de estrategias comunicativas adecuadas a todos los niveles de las misiones es crucial para el éxito de las operaciones y para una interacción positiva con la población local y otros profesionales.

Discusión

La comunicación es clave en los conflictos; desde la Antigüedad, la efectividad en la transmisión de datos ha sido determinante para el éxito de una misión o su posible fracaso. A lo largo de la historia, existen numerosos ejemplos de cómo una comunicación deficiente ha arruinado proyectos enteros. Dos aspectos del sistema de comunicación merecen ser subrayados: uno dirigido al propio grupo y otro a los enemigos.

La propaganda y la contrapropaganda han desempeñado un papel esencial en las campañas militares, tanto en grandes conflictos como en disputas regionales, y siguen siendo relevantes actualmente. Probablemente hoy en día la demanda de comunicación sea más intensa, considerando que la información se difunde más rápidamente que nunca. En este contexto, la transmisión efectiva de una acción ha pasado de ser un proceso de punto a punto a convertirse en una comunicación 2.0, en la cual los intermediarios participan activamente en la generación, transformación y divulgación de la información.

La propagación de una acción de comunicación en la actualidad es más compleja que hace pocos años. Los algoritmos deben ser considerados al divulgar un dato o información. Si en el pasado reciente los conflictos se difundían a través de medios escritos, radiofónicos y televisivos, hoy en día la dinámica ha cambiado drásticamente debido a la velocidad y la complejidad de las plataformas digitales.

En el pasado, una transmisión de radio podía captar la atención de todo un pueblo, como fue el caso de “London Calling Europe”, que se consagró como una transmisión esencial en la Segunda Guerra Mundial. Entonces la comunicación era unidireccional; la información se difundía desde una fuente hacia el público sin interacción directa. Hoy, sin embargo, las redes sociales y el sistema periodístico han transformado la comunicación en un proceso multidireccional, donde incluso los combatientes pueden participar directamente en diálogos con ciudadanos en sus países de origen.

Por lo tanto, el sistema de emisión de datos no puede permanecer estancado; las autoridades deben entender la importancia de promover diálogo y participación en los eventos. Aparentemente, los comandos militares y las fuerzas de seguridad han comprendido esta nueva dimensión de la comunicación. Aunque ha habido casos problemáticos en la divulgación de datos indeseables para el prestigio de las Fuerzas Armadas, como la exposición de los crímenes cometidos en la prisión de Abu Ghraib, también se ha revelado la posibilidad de promover la divulgación de información sin la intermediación de los medios de comunicación tradicionales.

Los riesgos son bien conocidos, pero después de una serie de intentos y errores, parece que los mandos han reconocido la necesidad imperativa de formar departamentos de comunicación, con el objetivo de seleccionar y divulgar la información más favorable a sus intereses. Plataformas como Facebook, Twitter, TikTok, WeChat o Instagram revelan el potencial de estas herramientas para la comunicación con la ciudadanía, la transmisión de datos e incluso el diálogo entre los actores estatales y no gubernamentales.

Al delimitar las redes sociales y enfocarnos en Twitter, nos acercamos a la obra de José-Miguel Pina (2022). Un amplio estudio de análisis de las cuentas de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de España revela la importancia de esta herramienta de comunicación, así como la necesidad de emplear los códigos adecuados para una transmisión efectiva de la información.

Las autoridades españolas de Seguridad y Defensa del Estado parecen estar convencidas de la necesidad imperativa de establecer contacto directo con la población, pero también de emitir los datos de manera que disuadan eventuales proyectos de ataque al Estado. En ese sentido, no es suficiente contar con miles de seguidores, sino establecer una relación de comunicación adecuada, asegurándose de que los datos expuestos no revelen más de lo que se pretende inicialmente. Si anteriormente se destacó la importancia de perfeccionar el lenguaje no verbal, en el caso de Twitter esto es tan crucial como una orden emitida a una asamblea reducida y convergente. Una palabra fuera de lugar o una imagen inadecuada podría generar ruido en el diálogo o poner en riesgo alguna misión.

Pina (2022) demuestra, a través de un extenso estudio con una innovadora metodología, que la comunicación de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad crea una sensación de interacción con la ciudadanía. Este contacto es esencial para la legitimación de las acciones llevadas a cabo por los agentes de cada entidad. Al considerar situaciones como una misión de paz en la que participen contingentes españoles, como la reciente misión en Mali o las acciones de salvamento en Turquía tras el terremoto de enero de 2023, se destaca la importancia de comunicar la labor de las fuerzas.

Comunicar adecuadamente una acción es fundamental para asegurar el apoyo de la población. Aunque se trata de una selección cuidadosa de imágenes y contenido, esta medida es plenamente coherente con el objetivo de cada entidad de construir una relación positiva con los ciudadanos. Según Pina (2022): “Al igual que en el Ejército, las redes sociales se han convertido en un poderoso recurso para las acciones de comunicación y de inteligencia en los cuerpos policiales” (p. 3). Tras examinar más de 14 000 tuits, el investigador identificó patrones que respaldan la siguiente afirmación: “el desarrollo de políticas adecuadas de seguridad y defensa resulta fundamental [para] alinearse con la opinión pública a través de un uso adecuado de los medios” (Pina, 2022, p. 5).

En ningún momento el autor considera que los mensajes transmitidos podrían revelar secretos; más bien, reconoce la importancia de las redes sociales a la hora de “realizar operaciones de influencia e inteligencia militar” (Pina, 2022, p. 3). Por otro lado, es sabido que en el proceso de comunicación se desvelan más datos e informaciones de los que el emisor podría pretender inicialmente (Orlandi, 2012), un fenómeno que aparentemente converge con la aportación de González Hernández (2021) sobre la comunicación no verbal.

Conclusiones

A través del análisis realizado, se ha comprobado la necesidad de fortalecer, fomentar y educar a los componentes militares en los diferentes tipos y componentes de la comunicación no verbal para facilitar el alcance de sus objetivos. La percepción que se tenga de una comunicación y sus componentes puede ser determinante para lograr la finalidad militar del despliegue, así como para conseguir una mejor y mayor colaboración por parte de los residentes de la zona, establecer buenas relaciones y afianzar vínculos con posibles colaboradores. Por ello, la formación militar debería incluir una sección dedicada a la intercepción, comprensión e interpretación de los diferentes componentes de la comunicación, especialmente cuando se desarrolla fuera del entorno social y cultural de origen.

Es evidente que se precisan conocimientos y habilidades en comunicación más avanzados de lo habitual, pero, siendo una carrera de fondo, resultan ser un medio imprescindible para alcanzar otras metas profesionales. Estas habilidades comunicativas deben adaptarse a una estrategia comunicativa adecuada, basada en los aspectos culturales del entorno en el que se desarrollará el despliegue.

Además de la comunicación no verbal básica, es importante conocer aquella que está más ligada a la cultura objetiva, así como las herramientas y medios más comunes y diferenciadores. No solo el personal de alto rango desplegado debería adquirir estos conocimientos, sino que todos los formadores y el personal en general deberían tener al menos unas nociones básicas que les permitan garantizar un mínimo desempeño en el acto comunicativo.

Declaración de divulgación

Los autores declaran que no existe ningún potencial conflicto de interés relacionado con el artículo.

Financiamiento

Los autores declaran que no existe fuente de financiamiento para la realización de este artículo.

Autores

Víctor Rodríguez González. Doctor en criminología y licenciado en criminología, Universidad de Alicante, España. Ha dirigido los grados de Criminología y Ciencias de la Seguridad de la Facultad de Criminología de la Universidad Isabel I, España, Colabora en diversas tareas para policías y miembros de la UNODC.

https://orcid.org/0000-0002-5348-9730

Contacto: victor.rodriguez.gonzalez@ui1.es

Reinaldo Batista Cordova. Doctor en historia contemporánea, Universidad de Murcia, España. Es docente universitario. Tiene diversas publicaciones en libros y revistas sobre geopolítica, conflictos, filosofía e historia. Es coordinador del Máster en Seguridad, Defensa y Liderazgo de la Universidad Isabel I, España.

https://orcid.org/0000-0001-7891-3115

Contacto: reinaldo.batista@ui1.es

Tania Vidal López. Doctora cum laude en derecho, ciencias políticas y criminología, Universitat de Valencia, España; máster en criminología y seguridad con mención en criminología forense; máster en garantías penales y delitos socioeconómicos. Investigadora en el Equipo Nacional de Investigación de la Secretaría de Estado de Seguridad. Criminóloga en FAVIDE y actualmente PDI en la Universidad Isabel I, España.

https://orcid.org/0009-0002-6063-4438

Contacto: tania.vidal.lopez@ui1.es

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